Ricardo R. Ruiz
Poeta que considera el portal su segunda casa
Salmo de amor te acarició los labios
cuando en tu cuerpo mi deseo ardia
nardos de fuego, en tu sensual derroche,
cálido rezo
que palpitó intenso al hermoso canto
de tu querer bajo la fresca lluvia
en desnudez que no cubrió la noche,
flor cristalina.
Reina adorada tras la vieja puerta,
en albos los velos de tu escultura,
no hubo temor, no hubo vergüenza o llanto...
sólo aquel cielo
en el fluir de nuestras simples almas,
bajo el embrujo juvenil del sueño
de una vez más gustar del vino tinto,
último beso.
cuando en tu cuerpo mi deseo ardia
nardos de fuego, en tu sensual derroche,
cálido rezo
que palpitó intenso al hermoso canto
de tu querer bajo la fresca lluvia
en desnudez que no cubrió la noche,
flor cristalina.
Reina adorada tras la vieja puerta,
en albos los velos de tu escultura,
no hubo temor, no hubo vergüenza o llanto...
sólo aquel cielo
en el fluir de nuestras simples almas,
bajo el embrujo juvenil del sueño
de una vez más gustar del vino tinto,
último beso.
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