José rubiel Amaya Amaya
Poeta asiduo al portal
Tenía apenas once meses,
y el 521 le correspondió,
en esta ruleta de la vida,
donde la suya tan pronto perdió.
Una mano fuerte lo acarició,
como el felino que juguetea
con su presa y después la devora,
esa misma mano la vida le quito.
Era un ángel.
y seguirá siéndolo por siempre;
como el Cristo, así sufrió, así pagó,
la transparencia de su rostro,
y la inocencia de su corazón.
Con la presión en la garganta,
fue cortado el brillo de sus ojos,
la alegría de su cara inmaculada,
y dejado aquí, a una madre destrozada.
De sus brazos lo arrebataron,
como el huracán enfurecido,
que arrasa todo a su paso
sembrando la tragedia.
Así nació la tragedia de Ivonne.
Luis Santiago era su nombre,
y el pueblo indignado lo reclama.
pero, ya se extinguió aquella vida,
que dejó encendida aquí una llama.
Como dice Dios en su palabra;
“La parábola del grano de mostaza.”
con la muerte del niño tan pequeño,
nace también en el mundo una esperanza.
y el 521 le correspondió,
en esta ruleta de la vida,
donde la suya tan pronto perdió.
Una mano fuerte lo acarició,
como el felino que juguetea
con su presa y después la devora,
esa misma mano la vida le quito.
Era un ángel.
y seguirá siéndolo por siempre;
como el Cristo, así sufrió, así pagó,
la transparencia de su rostro,
y la inocencia de su corazón.
Con la presión en la garganta,
fue cortado el brillo de sus ojos,
la alegría de su cara inmaculada,
y dejado aquí, a una madre destrozada.
De sus brazos lo arrebataron,
como el huracán enfurecido,
que arrasa todo a su paso
sembrando la tragedia.
Así nació la tragedia de Ivonne.
Luis Santiago era su nombre,
y el pueblo indignado lo reclama.
pero, ya se extinguió aquella vida,
que dejó encendida aquí una llama.
Como dice Dios en su palabra;
“La parábola del grano de mostaza.”
con la muerte del niño tan pequeño,
nace también en el mundo una esperanza.