manuelo
Poeta fiel al portal
En Bahía de Santiago
después de un baño
conocí a una señora
que vendía mangos
No serían ni las doce
del mediodía
cuando oí sus pisadas
y su sonrisa,
y era en el oficio
tan diestra ella
que se fué y mi mirada
siguió sus huellas.
Ciertamente era hermosa
de piel morena
de las que en Manzanillo
nos da la tierra.
Del mango hizo una flor
de néctar llena
y le puso algo encima;
no era canela.
Luego se oyó una música
lejana, en la colina,
y un perrito pequeño
se me echó encima,
Le dí un trozo de mango
un petalito
y corrió hacia su dueño
que llevaba un carrito.
después de un baño
conocí a una señora
que vendía mangos
No serían ni las doce
del mediodía
cuando oí sus pisadas
y su sonrisa,
y era en el oficio
tan diestra ella
que se fué y mi mirada
siguió sus huellas.
Ciertamente era hermosa
de piel morena
de las que en Manzanillo
nos da la tierra.
Del mango hizo una flor
de néctar llena
y le puso algo encima;
no era canela.
Luego se oyó una música
lejana, en la colina,
y un perrito pequeño
se me echó encima,
Le dí un trozo de mango
un petalito
y corrió hacia su dueño
que llevaba un carrito.