cipres1957
Poeta veterano en el portal
Apenas un metro y veinte del suelo y ya con panza; no vio aún su cuarto de vida y
Sus pequeñas manos tenazas de miserias recorrían la geografía de su nuevo mundo, casi redondo, terso y apenas explorado.
- Es un buen hombre decía mi padre, el será un buen partido.
No entendía mucho lo que quería decir pero sí, parecía un buen hombre. Se llegaba casi todos los días a casa; me traía pequeños regalos que aceptaba porque -no tienen nada de malo- decía mi padre. Aún no entendía nada.
Llegó un día cuando estaba sola en la casa, lo dejé pasar es un buen hombre decía mi padre-.
No entendía o trataba de entender el ardor entre mis piernas y esa cosa que hinchada dolía, partía, ardía yo no entendía
Y mi panza, quizás el hambre lo hinchaba, pero raro, siempre tuve hambre y nunca me sentí así, parezco embarazada qué locura, solamente mi madre podía estarlo; recuerdo haberla visto antes de morir esa noche, decían que un niño la mató. No entendí nada.
Siguió viniendo cada tanto hasta que mi panza comenzó a llover llantos y a correr ríos de agua desbordada y yo sin entender nada.
Desperté ya sin panza, quizás el hambre se calmó y se deshinchó o es que sólo estaba llena de agua, lo cierto que sobre la almohada manchada había un montón de billetes.
El señor nunca más regresó.
Después de todo mi padre tenía razón -era un buen hombre-.
Sus pequeñas manos tenazas de miserias recorrían la geografía de su nuevo mundo, casi redondo, terso y apenas explorado.
- Es un buen hombre decía mi padre, el será un buen partido.
No entendía mucho lo que quería decir pero sí, parecía un buen hombre. Se llegaba casi todos los días a casa; me traía pequeños regalos que aceptaba porque -no tienen nada de malo- decía mi padre. Aún no entendía nada.
Llegó un día cuando estaba sola en la casa, lo dejé pasar es un buen hombre decía mi padre-.
No entendía o trataba de entender el ardor entre mis piernas y esa cosa que hinchada dolía, partía, ardía yo no entendía
Y mi panza, quizás el hambre lo hinchaba, pero raro, siempre tuve hambre y nunca me sentí así, parezco embarazada qué locura, solamente mi madre podía estarlo; recuerdo haberla visto antes de morir esa noche, decían que un niño la mató. No entendí nada.
Siguió viniendo cada tanto hasta que mi panza comenzó a llover llantos y a correr ríos de agua desbordada y yo sin entender nada.
Desperté ya sin panza, quizás el hambre se calmó y se deshinchó o es que sólo estaba llena de agua, lo cierto que sobre la almohada manchada había un montón de billetes.
El señor nunca más regresó.
Después de todo mi padre tenía razón -era un buen hombre-.