Xavier Taboada
Poeta asiduo al portal
La espada fue otorgada al guerrero más fiel,
guardián de una fortaleza éste fue,
pero pasado el tiempo este título se le quitó
por actitudes, que una princesa no entendió.
¿De qué sirve tener un arma que todo lo corta
si no puede emplearse para el bien?
De qué sirve ser guardián si ya no se protege más,
los rencores viajan en la vida
como estocadas que el tiempo no borró.
El caballero de la espada invencible
del santuario se marchó,
abandonó su casa, su recinto,
apenado, más libre de culpa se esfumó,
él sabía que hizo lo correcto,
por su arte muchos fueron rescatados,
muchos volvieron a reír,
e inclusive quien lo niegue
por un leve instante soñó.
El caballero de gran poder
vagó solo por el mundo,
no sabía que sería de él.
Pero para fortuna suya
él no estaba solo,
La verdad misma, el poder absoluto
lo adoptó, lo invitó a su palacio
un santo elegido lo convirtió.
Y la espada que reposaba dormida,
siempre en su brazo derecho,
despertó.
Mas ahora no moraba sólo en su brazo
sino también en sus palabras,
una espada de doble filo recibió,
para rescatar a los perdidos,
para motivar al angustiado,
alegrar al afligido,
levantar al que ha caído.
Ahora él es uno de los santos más fieles,
conoció la verdad y ésta lo hizo libre,
no mendiga atenciones de falsos dioses,
aquellos que a nadie pueden salvar.
El decidió entregar su vida
por quien salva con verdad.