Un caballero

dulcinista

Poeta veterano en el Portal
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Mi papá es un hombre muy rico y guapo me dijo Julita mientras veíamos caer la lluvia a través de una de las ventanas de mi casa y mira que yo no soy una niña envidiosa pues mi mamá me ha educado muy bien y no quiere que envidie lo que tienen los demás por muy ricos que sean pero es que Julita muchas veces me exaspera con su engreimiento así que para hacerla rabiar le conté lo que le pasó una vez a mi padre cuando fue a la ciudad a comprar comida para nuestro querido Wilson el papagayo que mi abuela le regaló a mi mamá por su cumpleaños; llegó mi padre a la ciudad por la mañana y se dispuso a entrar en la primera tienda de pájaros que vio pero antes de entrar se lo impidió un guardia que le dijo caballero con esos zapatos no puede usted entrar aquí y entonces mi padre se miró los pies y le contestó que aquellos zapatos eran los que se ponía siempre para ir a la ciudad pues eran los mejores que tenía, y el guardia entonces le dijo seis cuadras más abajo tiene usted otra tienda en la que podrá entrar sin problemas y mi padre le dio las gracias y el guardia le dijo de nada caballero y entonces mi papá se fue a buscar la tienda que le dijo el guardia y no la encontró y se dijo voy a descansar un poco y después la busco de nuevo y se sentó en un parque debajo de un árbol a descansar y cuando se dio cuenta ya era muy tarde y se vino para casa y llamó a la puerta muy fuerte y alegre diciendo abrid la puerta al caballero Olegario y estaba muy contento porque a él nunca nadie lo había llamado caballero pues siempre lo habían tratado de tú como cuando la policía en las huelgas le decía oye tú no te pases o sabrás lo que es bueno o el patrón le ordenaba tú Olegario ve a ver que quiere mi hijo que te espera en el camino del ciervo, y mi padre ese día era el hombre más feliz del mundo y le dio un beso a mi madre diciéndole está usted muy guapa señora Mercedes pues si yo soy un caballero mi esposa es una dama y mi madre se reía y mi padre se reía mucho y yo también me reía aunque desconocía cómo se les llamaba a las hijas de los caballeros y las damas y Julita me dijo qué tonta eres amiga sus hijos no se llaman de ninguna forma especial sino tan solo por su nombre o niña o hija y yo le dije no Julita, no seas envidiosa que las hijas de una gente tan importante como un caballero y una dama se han de llamar por lo menos infanta o princesa y yo me reía mucho por dentro al sentir en sus ojos la envidia aunque al otro día mi padre dejase de ser un caballero y se convirtiera de nuevo en un peón en el campo de Don Florencio que sí que era un caballero de vedad y fue quien le dio a mi padre los zapatos rotos que se ponía para ir a la ciudad.

Eladio Parreño Elías

6-Agosto-2013
 
Última edición:
ELADIO,
Es una historia maravillosa
y el final conmovió mi alma.
Gente buena e inocente
despertaron a realidad
muy pronto. Te felicito.
Eres un gran escritor
con una imaginación genial.
SALUDOS Y ENDICIONES.
 
Última edición:
De principio a fin mi amigo querido nos dejas un relato muy
interesante donde tus letras dejan un mensaje muy entrañable
y humanitario, no por tener más, se es mejor, esos desprecios
son inaguantables pero siguen estando a la orden del dia por desgracia.
Como siempre digo pasar por tu biblioteca es pasar un rato genial jajja.
Me ha gustado mucho y siempre es un placer disfrutar de tu talento,
y paro de escribir si no mi comentario va a ser más largo que tu prosa jajaja.
Un cálido abrazo y un beso con cariño de tu amiga por siempre. Tere
 
Excelente relato amigo, donde dejas la cruel realidad de la vida, tan trasparente que se palpa, muchos se sentirán identificados.
Un placer estimado amigo.
 
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Mi papá es un hombre muy rico y guapo me dijo Julita mientras veíamos caer la lluvia a través de una de las ventanas de mi casa y mira que yo no soy una niña envidiosa pues mi mamá me ha educado muy bien y no quiere que envidie lo que tienen lo demás por muy ricos que sean pero es que Julita muchas veces me exaspera con su engreimiento así que para hacerla rabiar le conté lo que le pasó una vez a mi padre cuando fue a la ciudad a comprar comida para nuestro querido Wilson el papagayo que mi abuela le regaló a mi mamá por su cumpleaños; llegó mi padre a la ciudad por la mañana y se dispuso a entrar en la primera tienda de pájaros que vio pero antes de entrar se lo impidió un guardia que le dijo caballero con esos zapatos no puede usted entrar aquí y entonces mi padre se miró los pies y le contestó que aquellos zapatos eran los que se ponía siempre para ir a la ciudad pues eran los mejores que tenía, y el guardia entonces le dijo seis cuadras más abajo tiene usted otra tienda en la que podrá entrar sin problemas y mi padre le dio las gracias y el guardia le dijo de nada caballero y entonces mi papá se fue a buscar la tienda que le dijo el guardia y no la encontró y se dijo voy a descansar un poco y después la busco de nuevo y se sentó en un parque debajo de un árbol a descansar y cuando se dio cuenta ya era muy tarde y se vino para casa y llamó a la puerta muy fuerte y alegre diciendo abrid la puerta al caballero Olegario y estaba muy contento porque a él nunca nadie lo había llamado caballero pues siempre lo habían tratado de tú como cuando la policía en las huelgas le decía oye tú no te pases o sabrás lo que es bueno o el patrón le ordenaba tú Olegario ve a ver que quiere mi hijo que te espera en el camino del ciervo, y mi padre ese día era el hombre más feliz del mundo y le dio un beso a mi madre diciéndole está usted muy guapa señora Mercedes pues si yo soy un caballero mi esposa es una dama y mi madre se reía y mi padre se reía mucho y yo también me reía aunque desconocía cómo se les llamaba a las hijas de los caballeros y las damas y Julita me dijo qué tonta eres amiga sus hijos no se llaman de ninguna forma especial sino tan solo por su nombre o niña o hija y yo le dije no Julita, no seas envidiosa que las hijas de una gente tan importante como un caballero y una dama se han de llamar por lo menos infanta o princesa y yo me reía mucho por dentro al sentir en sus ojos la envidia aunque al otro día mi padre dejase de ser un caballero y se convirtiera de nuevo en un peón en el campo de Don Florencio que sí que era un caballero de vedad y fue quien le dio a mi padre los zapatos rotos que se ponía para ir a la ciudad.

Eladio Parreño Elías

6-Agosto-2013


sorprendente relato, he notado que varios de ellos se basan en Julita, quizá sea hasta un cuenta que ideas, en varias etapas, me gusta como lo describes, saludos dulcito
 
Hermosa historia estimado amigo y al final me dió mucho sentimiento, mis lágrimas brotaron, porque conozco esa realidad muy de cerca. Me trae recuerdos de niña y los grandes finqueros que habían por acá, donde mis padres laboraban. Para navidad era muy normal ver como regalaban los juguetes viejos de sus hijos para comprar nuevos y quienes no teníamos esas posibilidades, agradecíamos aquellos regalos y los disfrutábamos como si fuesen nuevos. Era un motivo de mucha felicidad en la mente y el alma de un niño que sueña, ama y vive con intensidad. Hoy en día agradezco a la vida y a mi Dios que hizo pasar por todo ello pues me hizo ser la persona que soy, con una identidad muy propia, muy agradecida y muy llena de amor.

Uyyyyyyyy, ya conté algo de mi vida jejjejeje, espero no te incomode. Me hizo viajar tu relato. Un beso y gracias por la oportunidad de un momento divino en mi vida. Abrazos!
 
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Mi papá es un hombre muy rico y guapo me dijo Julita mientras veíamos caer la lluvia a través de una de las ventanas de mi casa y mira que yo no soy una niña envidiosa pues mi mamá me ha educado muy bien y no quiere que envidie lo que tienen lo demás por muy ricos que sean pero es que Julita muchas veces me exaspera con su engreimiento así que para hacerla rabiar le conté lo que le pasó una vez a mi padre cuando fue a la ciudad a comprar comida para nuestro querido Wilson el papagayo que mi abuela le regaló a mi mamá por su cumpleaños; llegó mi padre a la ciudad por la mañana y se dispuso a entrar en la primera tienda de pájaros que vio pero antes de entrar se lo impidió un guardia que le dijo caballero con esos zapatos no puede usted entrar aquí y entonces mi padre se miró los pies y le contestó que aquellos zapatos eran los que se ponía siempre para ir a la ciudad pues eran los mejores que tenía, y el guardia entonces le dijo seis cuadras más abajo tiene usted otra tienda en la que podrá entrar sin problemas y mi padre le dio las gracias y el guardia le dijo de nada caballero y entonces mi papá se fue a buscar la tienda que le dijo el guardia y no la encontró y se dijo voy a descansar un poco y después la busco de nuevo y se sentó en un parque debajo de un árbol a descansar y cuando se dio cuenta ya era muy tarde y se vino para casa y llamó a la puerta muy fuerte y alegre diciendo abrid la puerta al caballero Olegario y estaba muy contento porque a él nunca nadie lo había llamado caballero pues siempre lo habían tratado de tú como cuando la policía en las huelgas le decía oye tú no te pases o sabrás lo que es bueno o el patrón le ordenaba tú Olegario ve a ver que quiere mi hijo que te espera en el camino del ciervo, y mi padre ese día era el hombre más feliz del mundo y le dio un beso a mi madre diciéndole está usted muy guapa señora Mercedes pues si yo soy un caballero mi esposa es una dama y mi madre se reía y mi padre se reía mucho y yo también me reía aunque desconocía cómo se les llamaba a las hijas de los caballeros y las damas y Julita me dijo qué tonta eres amiga sus hijos no se llaman de ninguna forma especial sino tan solo por su nombre o niña o hija y yo le dije no Julita, no seas envidiosa que las hijas de una gente tan importante como un caballero y una dama se han de llamar por lo menos infanta o princesa y yo me reía mucho por dentro al sentir en sus ojos la envidia aunque al otro día mi padre dejase de ser un caballero y se convirtiera de nuevo en un peón en el campo de Don Florencio que sí que era un caballero de vedad y fue quien le dio a mi padre los zapatos rotos que se ponía para ir a la ciudad.

Eladio Parreño Elías

6-Agosto-2013

Todo un caballero el señor Olegario, sabiendo apreciar el valor de las cosas, el que habita dentro de ellas, su carcasa o apariencia no las tiene en cuenta. No necesita llevar capa ni sombrero, ni zapatos nuevos, solo su porte interno de buen trato, de disfrutar de lo que dispone y tiene, de llevar su ejemplo a su familia que es la más rica, la que más bienes espirituales tiene, la otra riqueza solo es material, artificial y no contenta la necesidad de amar y sentirse amado. Ayyy Eladio que relate más sabio, más imaginativo y más lleno de sentido. Atrapa su lectura y deja un sabor a gloria bendita. Me ha encantadoooooo mogollón. Besazos llenos de cariño y estrellas a porrillo, todas para ti, mi querido y dulce Eladio.
 
Admirado Eladio:
Después de una ausencia ya casi prolongada, devenida de mi cambio de residencia y algunos desencuentros con mi ADSL, vuelvo a este portal y lo primero que me encuentro es tu simpática y muy significativa prosa en la que me deleito sobre manera. Gracias por publicarla. Un abrazo.
 
Una bellisima historia Eladio que desgraciadamente todavía suele suceder y no solo a los peones del campo y si no trate de entrar en una tienda de Rodeo Drive vestido de forma normal. La moraleja es intensa, para tus seres queridos siempre seras el más rico porque no te miden por lo que tienes si no por lo que eres. Felicitaciones por esta maravillosa obra, aplausos y saludos poeta (La maquinita se levantó con el pie izquierdo, bueno en mi caso con el derecho)

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Has narrado una historia que deja un mensaje que viene bien en los tiempos en que vivimops donde los valores están medios desteñidos.
Ser por lo que tienes económicamente no hace a la persona; el alma y la formación en valorar lo verdadero es lo que debería primar siempre como en tu historia.
Te felicito, no puedo dejarte repu, no me deja, pero las estrellas y todo lo mejor para ti.
Es muy bueno lo que escribiste y de la manera que lo has hecho.
Un abrazo
Ana
 
Seguro que era más caballero Olegario que Don Florencio, porque deja mucho que desear aquel que da unos zapatos rotos, jajaja, muy buena historia Eladio, como siempre nos dejas un sabor dulce al leer tus letras, por lo bien realizadas que están.
Un fuerte abrazo mi buen amigo.
 
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Mi papá es un hombre muy rico y guapo me dijo Julita mientras veíamos caer la lluvia a través de una de las ventanas de mi casa y mira que yo no soy una niña envidiosa pues mi mamá me ha educado muy bien y no quiere que envidie lo que tienen lo demás por muy ricos que sean pero es que Julita muchas veces me exaspera con su engreimiento así que para hacerla rabiar le conté lo que le pasó una vez a mi padre cuando fue a la ciudad a comprar comida para nuestro querido Wilson el papagayo que mi abuela le regaló a mi mamá por su cumpleaños; llegó mi padre a la ciudad por la mañana y se dispuso a entrar en la primera tienda de pájaros que vio pero antes de entrar se lo impidió un guardia que le dijo caballero con esos zapatos no puede usted entrar aquí y entonces mi padre se miró los pies y le contestó que aquellos zapatos eran los que se ponía siempre para ir a la ciudad pues eran los mejores que tenía, y el guardia entonces le dijo seis cuadras más abajo tiene usted otra tienda en la que podrá entrar sin problemas y mi padre le dio las gracias y el guardia le dijo de nada caballero y entonces mi papá se fue a buscar la tienda que le dijo el guardia y no la encontró y se dijo voy a descansar un poco y después la busco de nuevo y se sentó en un parque debajo de un árbol a descansar y cuando se dio cuenta ya era muy tarde y se vino para casa y llamó a la puerta muy fuerte y alegre diciendo abrid la puerta al caballero Olegario y estaba muy contento porque a él nunca nadie lo había llamado caballero pues siempre lo habían tratado de tú como cuando la policía en las huelgas le decía oye tú no te pases o sabrás lo que es bueno o el patrón le ordenaba tú Olegario ve a ver que quiere mi hijo que te espera en el camino del ciervo, y mi padre ese día era el hombre más feliz del mundo y le dio un beso a mi madre diciéndole está usted muy guapa señora Mercedes pues si yo soy un caballero mi esposa es una dama y mi madre se reía y mi padre se reía mucho y yo también me reía aunque desconocía cómo se les llamaba a las hijas de los caballeros y las damas y Julita me dijo qué tonta eres amiga sus hijos no se llaman de ninguna forma especial sino tan solo por su nombre o niña o hija y yo le dije no Julita, no seas envidiosa que las hijas de una gente tan importante como un caballero y una dama se han de llamar por lo menos infanta o princesa y yo me reía mucho por dentro al sentir en sus ojos la envidia aunque al otro día mi padre dejase de ser un caballero y se convirtiera de nuevo en un peón en el campo de Don Florencio que sí que era un caballero de vedad y fue quien le dio a mi padre los zapatos rotos que se ponía para ir a la ciudad.

Eladio Parreño Elías

6-Agosto-2013


Maravilloso. :) Saludos cordiales, amigo. :) Espero que esté muy bien. :) Hasta luego. :)
 
si las sensaciones del lector las pudiese sentir el Autor, ay de usted estimado poeta, que su suelo vibraría, asi como el mío ahora...la piel erizada tengo, las lagrimitas nublando mis ojos y mi garganta hecha nudo... que preciosidad... talento, sentimiento, una cruel realidad endulzada con lo sutil del encanto de su toque... me ha maravillado... le aplaudo de pie porque el sistema no me permite otorgarle reputación...un fuerte abrazo a su alma un placer pasar...hasta un después Eladio Parreño Elías.
 
Bueno Don Eladio, me ha gustado mucho su prosa, relata extraordinariamente bien ese pasaje tan común en todos los tiempos, conmueve la escena, muy inteligente la niña y muy nobles los padres al aceptar su condición humilde y poder reir de ello, un abrazo amigo Eladio, hasta luego caballero...
 

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