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Un caballero

¡Caballero por un día!, no mucho, pero suficiente para hacer feliz a su hijita y provocar la envidia de su engreída amiguita, jajaja.
Excelente y simpático cuento, amigo Eladio.
Un fuerte abrazo, compañero poeta.
 
Eladio, que maravilla de relato, me encanta la inocencia y la ternura de los personajes, ese padre contento por sentirse un caballero, deseando de compartirlo con su familia, esa mujer feliz , esa niña orgullosa de su padre, deseando contárselo a su amiga tan engreída...vamos que ahora mismo, si puedo, te doy reputación, esta vez no me has arrancado una sonrisa, esta vez casi me haces llorar con la ternura de tu historia. Un beso.
 
eladio querido, brillante tu relato como siempre tenés una única manera de atrapar al lector.
la historia es exquisita, tierna y con un toque sutil de audacia regalándole a los protagonistas del mismo, una autoestima invaluable
abrazo enorme nene.
tyngui sanchez
 
Bella obra digna de admiración y aplausos estimado Eladio, me conmueve mucho y me deja una bella moraleja porque el habito no hace al monje, un verdadero caballero el señor Olegario, ha sido un placer disfrutar de tu magistral prosa, saludos cordiales para ti ; )
 


Eladio

La vanidad, la mentira, ka envidia,
son inseparables de los que tienen
un poco queriendo aparentar de más

En tu Historia recibió una buena lección
de parte de la niña que humilde
le mostró mejor calidad humana


Felicitaciones estrellas y Rep si el candado me deja.
 
Qué entretenido. Me ha encantado, he pasado un rato muy bueno leyéndolo. Estoy acostumbrado a tus poesías y no me acordaba de tus relatos, hace tiempo leí uno y recuerdo que me gustó mucho. He disfrutado. Me gusta este tipo de lecturas y, sinceramente, lo haces muy bien. Te felicito. Un fuerte abrazo.
 
Muy buena trama, amigo. Una historia muy bien llevada hasta el final. Siempre tu pluma me resulta muy creativa y sugestiva, poeta.
Es una gran obra. Felicitaciones.
Un abrazo grande.
 
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Mi papá es un hombre muy rico y guapo me dijo Julita mientras veíamos caer la lluvia a través de una de las ventanas de mi casa y mira que yo no soy una niña envidiosa pues mi mamá me ha educado muy bien y no quiere que envidie lo que tienen los demás por muy ricos que sean pero es que Julita muchas veces me exaspera con su engreimiento así que para hacerla rabiar le conté lo que le pasó una vez a mi padre cuando fue a la ciudad a comprar comida para nuestro querido Wilson el papagayo que mi abuela le regaló a mi mamá por su cumpleaños; llegó mi padre a la ciudad por la mañana y se dispuso a entrar en la primera tienda de pájaros que vio pero antes de entrar se lo impidió un guardia que le dijo caballero con esos zapatos no puede usted entrar aquí y entonces mi padre se miró los pies y le contestó que aquellos zapatos eran los que se ponía siempre para ir a la ciudad pues eran los mejores que tenía, y el guardia entonces le dijo seis cuadras más abajo tiene usted otra tienda en la que podrá entrar sin problemas y mi padre le dio las gracias y el guardia le dijo de nada caballero y entonces mi papá se fue a buscar la tienda que le dijo el guardia y no la encontró y se dijo voy a descansar un poco y después la busco de nuevo y se sentó en un parque debajo de un árbol a descansar y cuando se dio cuenta ya era muy tarde y se vino para casa y llamó a la puerta muy fuerte y alegre diciendo abrid la puerta al caballero Olegario y estaba muy contento porque a él nunca nadie lo había llamado caballero pues siempre lo habían tratado de tú como cuando la policía en las huelgas le decía oye tú no te pases o sabrás lo que es bueno o el patrón le ordenaba tú Olegario ve a ver que quiere mi hijo que te espera en el camino del ciervo, y mi padre ese día era el hombre más feliz del mundo y le dio un beso a mi madre diciéndole está usted muy guapa señora Mercedes pues si yo soy un caballero mi esposa es una dama y mi madre se reía y mi padre se reía mucho y yo también me reía aunque desconocía cómo se les llamaba a las hijas de los caballeros y las damas y Julita me dijo qué tonta eres amiga sus hijos no se llaman de ninguna forma especial sino tan solo por su nombre o niña o hija y yo le dije no Julita, no seas envidiosa que las hijas de una gente tan importante como un caballero y una dama se han de llamar por lo menos infanta o princesa y yo me reía mucho por dentro al sentir en sus ojos la envidia aunque al otro día mi padre dejase de ser un caballero y se convirtiera de nuevo en un peón en el campo de Don Florencio que sí que era un caballero de vedad y fue quien le dio a mi padre los zapatos rotos que se ponía para ir a la ciudad.

Eladio Parreño Elías

6-Agosto-2013


siempre es un placer acompañar sus obras, me ha gustado haber pasado a leer su trabajo, que tenga una excelente noche compañero y amigo.
 
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