Un claro segundo.

Engel

SOÑADOR TOCANDO CON LOS PIES EN TIERRA


La ventana estaba abierta. Regresaban las mariposas arrojando palabras de rocío al molino de los sentimientos. Los rayos del sol cicatrizan un nuevo día ya amasado. Despertaron las amapolas detrás de la sonrisa de tu boca. En la memoria gimen las palabras caminando hacia el encuentro. Yo voy dentro y no distingo los límites del día, quiero escapar por la ventana, corre el tiempo. Tal vez haya un lugar en la frontera misma de las horas. donde habite en claridad la más oscura puerta. Escapar por un claro segundo y que ese instante dure una eternidad.

Aparezco en un lugar donde mis calles ya no lo son, las horas ya se fueron, todo lo que importa sucede muy despacio, parece temprano y es tarde, no sé a dónde, pero he llegado tarde. Este lugar se parece a un día de primavera, es como un paisaje soñado donde el tiempo permanece horizontal y es porvenir casi todo ¿Estaré en sus ojos? Miro sin rubor, insistentemente. Sí, sin lugar a dudas estoy en sus ojos, el corazón se me está quedando idiota.

Al beber su límite, su horizonte, se despierta el paisaje. Desde el borde de un río observo el agua empujada por extraños colores, llega derramada, transcurre despacio. Es este un lugar mágico, la brisa del paisaje me rodea mezclándome entre sus gentes, el tiempo ha desaparecido de las calles, y los hombres, las mujeres, los niños, miden las distancias con pequeños puestos de frutas y flores exóticas. Los ojos cobrizos de la mujer que trata de venderme unos racimos, tejen un camino desnudo y hermoso entre las calles sin asfaltar. Los hombres en cuclillas a lo largo del camino y rodeados de niños, tienen una llave cargada de sabiduría y la hacen girar entre sus dedos reteniendo el paso del tiempo. Un grupo de chiquillos comenzó a lanzarme pétalos de seda mientras yo trato de encerrar entre mis ojos la belleza del todo el conjunto de milagros. Pienso que, en cierto modo, estoy hurtando la memoria de sus hermosos paisajes, y tal belleza no es transportable lejos de su origen.

De nuevo me acerco al río, aparece, desaparece con sus colores verdes y azules como la seda, el aire huele a eternidad, tanto júbilo me recuerda su cuerpo delicado. Del otro lado del río desfila un tren, la velocidad con la que pasan los vagones me golpea suavemente los ojos. No me preguntes pues nada es lo que parece. Cuando el sol se eleva en la estrecha franja azul del cielo siento latir en las venas la sangre de las viñas. Los vinos del silencio son una dulce hoguera y las risas de los más pequeños reposan entre los viñedos.

La paz aparece entre los surcos, veo pureza entre los espejos de los racimos donde ya nadie se mira. El viento me llama y el tren se aleja cruzando un muro de nieve, un bosque de niebla y un túnel que se extiende más allá de mí mismo. Un temblor de semilla renace de los bosques, una oscura humedad brota de los campos y se extiende poco a poco por las calles y los huertos. A partir de este instante el presente se rompe en miles de partículas en un vaivén confuso de imágenes que apenas puedo reconocer como vividas. Hay en mí, sin embargo, un vapor de memoria, una luz lejana que me recuerda que sigo dentro de ella. Ahora pienso que aquello era sólo la fiebre, un sueño que naufragaba, pero ¿podrías negar que de verdad yo estuve allí? Estaba en la ventana, detrás de los cristales, vestida como la última vez. La ventana estaba abierta igual que aquella madrugada, sin duda sentía la emoción que entonces ya sentí.
 
Última edición:

La ventana estaba abierta. Regresaban las mariposas arrojando palabras de rocío al molino de los sentimientos. Los rayos del sol cicatrizan un nuevo día ya amasado. Despertaron las amapolas detrás de la sonrisa de tu boca. En la memoria gimen las palabras caminando hacia el encuentro. Yo voy dentro y no distingo los límites del día, quiero escapar por la ventana, corre el tiempo. Tal vez haya un lugar en la frontera misma de las horas. donde habite en claridad la más oscura puerta. Escapar por un claro segundo y que ese instante dure una eternidad.

Aparezco en un lugar donde mis calles ya no lo son, las horas ya se fueron, todo lo que importa sucede muy despacio, parece temprano y es tarde, no sé a dónde, pero he llegado tarde. Este lugar se parece a un día de primavera, es como un paisaje soñado donde el tiempo permanece horizontal y es porvenir casi todo ¿Estaré en sus ojos? Miro sin rubor, insistentemente. Sí, sin lugar a dudas estoy en sus ojos, el corazón se me está quedando idiota.

Al beber su límite, su horizonte, se despierta el paisaje. Desde el borde de un río observo el agua empujada por extraños colores, llega derramada, transcurre despacio. Es este un lugar mágico, la brisa del paisaje me rodea mezclándome entre sus gentes, el tiempo ha desaparecido de las calles, y los hombres, las mujeres, los niños, miden las distancias con pequeños puestos de frutas y flores exóticas. Los ojos cobrizos de la mujer que trata de venderme unos racimos, tejen un camino desnudo y hermoso entre las calles sin asfaltar. Los hombres en cuclillas a lo largo del camino y rodeados de niños, tienen una llave cargada de sabiduría y la hacen girar entre sus dedos reteniendo el paso del tiempo. Un grupo de chiquillos comenzó a lanzarme pétalos de seda mientras yo trato de encerrar entre mis ojos la belleza del todo el conjunto de milagros. Pienso que, en cierto modo, estoy hurtando la memoria de sus hermosos paisajes, y tal belleza no es transportable lejos de su origen.

De nuevo me acerco al río, aparece, desaparece con sus colores verdes y azules como la seda, el aire huele a eternidad, tanto júbilo me recuerda su cuerpo delicado. Del otro lado del río desfila un tren, la velocidad con la que pasan los vagones me golpea suavemente los ojos. No me preguntes pues nada es lo que parece. Cuando el sol se eleva en la estrecha franja azul del cielo siento latir en las venas la sangre de las viñas. Los vinos del silencio son una dulce hoguera y las risas de los más pequeños reposan entre los viñedos.

La paz aparece entre los surcos, veo pureza entre los espejos de los racimos donde ya nadie se mira. El viento me llama y en tren se aleja cruzando un muro de nieve, un bosque de niebla y un túnel que se extiende más allá de mí mismo. Un temblor de semilla renace de los bosques, una oscura humedad brota de los campos y se extiende poco a poco por las calles y los huertos. A partir de este instante el presente se rompe en miles de partículas en un vaivén confuso de imágenes que apenas puedo reconocer como vividas. Hay en mí, sin embargo, un vapor de memoria, una luz lejana que me recuerda que sigo dentro de ella. Ahora pienso que aquello era sólo la fiebre, un sueño que naufragaba, pero ¿podrías negar que de verdad yo estuve allí? Estaba en la ventana, detrás de los cristales, vestida como la última vez. La ventana estaba abierta igual que aquella madrugada, sin duda sentía la emoción que entonces ya sentí.


Es una obra que invita a ir de la mano de ese sueño..., un viaje hacia dentro y hacia fuera al mismo tiempo. Una mirada cargada de melancolía pero llena de vida. Un espléndido relato que como siempre, apacigua el alma. Felicidades siempre mi querido Engel. Un verdadero placer volver a tu encuentro.

Palmira
 
Es una obra que invita a ir de la mano de ese sueño..., un viaje hacia dentro y hacia fuera al mismo tiempo. Una mirada cargada de melancolía pero llena de vida. Un espléndido relato que como siempre, apacigua el alma. Felicidades siempre mi querido Engel. Un verdadero placer volver a tu encuentro.

Palmira
Saludos cordiales Palmira. El placer es mutuo.
 

MundoPoesía se mantiene gracias a la publicidad y al apoyo (opcional) de nuestra comunidad.

♥ Hacer una donación
Atrás
Arriba