Luis Fernando Tejada
Poeta reconocido
Disfrute
las horas felices,
mientras pueda,
el moderador de
la danza no está
obligado avisar,
nos lo encontramos
un día antes o después
y empieza el final.
Irnos cuando la luz
que pasa a través
de la cabeza,
proveniente del cielo
de empinadas cuestas,
te señale la hora y
no haya nada
que te incite a
mirar hacia atrás.
El tiempo de
nuestras vidas,
en vigor en
cada lugar,
florece en el prado y
suena como una
flauta dulce,
oasis de frescura,
música alegre,
tiene que terminar.
El hecho es que
la sombra del dolor
interrumpe ese
rostro radiante,
entonces...
fiebre, insomnio,
trastornos nerviosos.
¡Qué valiente!,
valiente lucha,
lleno de miedo y
en llamas en la
piedra del sacrificio,
sufriendo una
muerte en paz...
las horas felices,
mientras pueda,
el moderador de
la danza no está
obligado avisar,
nos lo encontramos
un día antes o después
y empieza el final.
Irnos cuando la luz
que pasa a través
de la cabeza,
proveniente del cielo
de empinadas cuestas,
te señale la hora y
no haya nada
que te incite a
mirar hacia atrás.
El tiempo de
nuestras vidas,
en vigor en
cada lugar,
florece en el prado y
suena como una
flauta dulce,
oasis de frescura,
música alegre,
tiene que terminar.
El hecho es que
la sombra del dolor
interrumpe ese
rostro radiante,
entonces...
fiebre, insomnio,
trastornos nerviosos.
¡Qué valiente!,
valiente lucha,
lleno de miedo y
en llamas en la
piedra del sacrificio,
sufriendo una
muerte en paz...
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