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Un día de museos.

libelula

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La habían despedido el día anterior, Amanda, apenas había dormido cuatro horas; se encontraba sumida en un absoluto desánimo. Siempre disfrutó de la felicidad de una soledad elegida, pero hoy las paredes de su hogar parecían estrecharse peligrosamente impidiéndole respirar. Tomó café y tras ducharse, cogió la chaqueta, el bolso y escapó calle abajo.
Era el día de los museos, caminó sin rumbo entrando y saliendo de ellos como una sonámbula hasta que, quedó perpleja ante una extraña panorámica de la calle, le pareció que la luz había cambiado, estaba tan cansada que pensó que alucinaba. La noche había tomado la ciudad y se sentía hambrienta;
seguía pensando que el paisaje que pisaba le resulta extrañamente familiar, había en él grandes contrastes lumínicos; observó que al otro lado de la calle se veían ventanas abiertas en el primer piso. La luz de un bar, cuyas grandes cristaleras le recuerdan a las de un acuario, resalta sobremanera e ilumina la oscuridad de la calle, a la vez que favorece la sensación de soledad y aislamiento de los clientes en el interior del mismo. Amanda interpretó que los personajes acudían allí para sentirse acompañados en su soledad; aunque la falta de calor humano entre ellos, era evidente. Observó que se trataba de un café-bar un tanto especial,cuya elegancia estaba fuera de toda duda, y sin saber cómo, se vio dentro de él. Los tres clientes y el camarero, permanecieron impasibles, ensimismados; ninguno se percató de su presencia, tampoco se miraban entre ellos, ni se hablaban, excepto el hombre que se encontraba junto a la pelirroja, que parecía pedir algo al camarero, aunque éste, encerrado tras la barra, mantenía la mirada perdida entre el cliente y la calle, sin prestarle atención. Amanda sonríe ¡Qué extraño le está resultando este día!, se sienta alejada de todos, tampoco ella tiene ningún deseo de intimar con nadie esta noche; sin saber por qué siente que encaja perfectamente en este cuadro, que forma parte de la incomunicación y el hastío que percibe. Ante la impasibilidad del taciturno camarero decide marcharse, pero descubre sorprendida que no hay puerta de salida, es entonces cuando contempla el exterior desde dentro de la cristalera; aterrorizada reconoce el museo. Amanda, es ahora una “noctámbula” más atrapada en el cuadro de Hopper.
 
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La habían despedido el día anterior, Amanda apenas había dormido cuatro horas; se encontraba sumida en un absoluto desánimo; siempre disfrutó de la felicidad de una soledad elegida, pero hoy las paredes de su hogar parecían estrecharse peligrosamente impidiéndole respirar. Tomó café y tras ducharse, cogió la chaqueta, el bolso y escapó calle abajo.
Era el día de los museos, caminó sin rumbo entrando y saliendo de ellos como una sonámbula hasta que, quedó perpleja ante una extraña panorámica de la calle; le pareció que la luz había cambiado, estaba tan cansada que pensó que alucinaba. La noche había tomado la ciudad, y se sentía hambrienta; seguía pensando que paisaje que pisaba le resulta extrañamente familiar; había en él grandes contrastes lumínicos, observó que al otro lado de la calle se veían ventanas abiertas en el primer piso; La luz de un bar, cuyas grandes cristaleras le recuerdan a las de un acuario, resalta sobremanera e ilumina la oscuridad de la calle, a la vez que favorece la sensación de soledad y aislamiento de los clientes en el interior del bar. Amanda interpretó que los personajes acudían allí para sentirse acompañados en su soledad; aunque, la falta de calor humano entre ellos era evidente; observó que se trataba de un café-bar un tanto especial,cuya elegancia estaba fuera de toda duda y sin saber cómo, se vio dentro de él. Los tres clientes y el camarero, permanecieron impasibles, ensimismados; ninguno se percató de su presencia; tampoco se miraban entre ellos, ni se hablaban, excepto el hombre que se encontraba junto a la pelirroja, que parecía pedir algo al camarero, aunque éste, encerrado tras la barra, mantenía la mirada perdida entre el cliente y la calle, sin prestarle atención. Amanda sonríe ¡Qué extraño le está resultando este día!, se sienta alejada de todos, tampoco ella tiene ningún deseo de intimar con nadie esta noche; siente que encaja perfectamente en este cuadro, que forma parte de la incomunicación y el hastío que percibe. Ante la impasibilidad del taciturno camarero decide marcharse, pero descubre sorprendida que no hay puerta de salida, es entonces cuando contempla el exterior desde dentro de la cristalera; aterrorizada reconoce el museo. Amanda, es ahora una “noctámbula” más atrapada en el cuadro de Hopper.




Libelula
Muy interesante relato que lentamente nos hace sospechar de un final misterioso que sorprende al lector...pensé que sería algo así como que estaba muerta y aún vagaba por los lugares que frecuentó,
más me he quedado gratamente impactada con ese cierre.
Un placer leerte.
Saludos.
Ana
 
Gracias Ana por tu visita a mis letras, me alegra que te haya sorprendido gratamente el final del relato. A veces, hasta uno mismo se sorprende del rumbo que toman nuestros personajes y nuestras historías.
Un cordial saludo.
Isabel.
 
Como muy bien te ha comentado Ana, un relato que engancha con un final sorprendente. Realmente una inspiración fuera de toda duda, amiga mía. En adelante, cuando quiera hacer un microrrelato, me iré al Museo del Prado... aunque no sé si estaré tan inspirado...

Un saludo muy cordial y felicitaciones sinceras con estrellas.
 
Estimado amigo Jmacgar: Seguro que estarías inspiradísimo pues, por lo que he leido tuyo, tienes la suerte de sentir inspiración ante cualquier estímulo; así que entrarías allí y no volverías a salir en años ja..ja. Gracias, una suerte tener en este relatos opiniones tan valiosas como la tuya y la de Ana Cevallos.
Un saludo afectuoso
 
Garnik un placer tambien para mí tu visita a mis letras y gracias por tu reputación. Hermann Hesse es también uno de mis escritores de preferidos, novelista, poeta, pintor ...y tambien el Lobo Estepario es uno de mis favoritos.
Un cordial saludo
 
Estimado Garpar Nuñez: Dicen que cada día se aprende algo nuevo "Museo, del Latín museum, casa de las musas..." ¡Que bella y acertada definición de Museo!
Saber que pasar por mis letras te ha supuesto un decanso me resulta gratificante.
Un saludo muy cordial
 
Vosotros me habéis hecho conocer la pintura de Hopper y realmente esta tiene un cierto atractivo, que -válgame la redundancia- atrae. Porque ¿qué es el atractivo, sino la capacidad de atraer? Y en este relato esa atracción se hace tan patente que la protagonista queda atrapada dentro de ella, de la pintura, en su noche "especial" de museos.
Muy bueno.
Abrazos.
 
Vosotros me habéis hecho conocer la pintura de Hopper y realmente esta tiene un cierto atractivo, que -válgame la redundancia- atrae. Porque ¿qué es el atractivo, sino la capacidad de atraer? Y en este relato esa atracción se hace tan patente que la protagonista queda atrapada dentro de ella, de la pintura, en su noche "especial" de museos.
Muy bueno.
Abrazos.
Mi querida Eratalia, mira por donde repasando mis relatos, cosa que casi nunca hago, por la ausencia de lectores, te he encontrado,¡qué suerte la mía! encontrarte a tí, amante de la pintura, y devoradora de libro, para mas inri, amiga.
Un gran abrazo.
Isabel.
 


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La habían despedido el día anterior, Amanda, apenas había dormido cuatro horas; se encontraba sumida en un absoluto desánimo. Siempre disfrutó de la felicidad de una soledad elegida, pero hoy las paredes de su hogar parecían estrecharse peligrosamente impidiéndole respirar. Tomó café y tras ducharse, cogió la chaqueta, el bolso y escapó calle abajo.
Era el día de los museos, caminó sin rumbo entrando y saliendo de ellos como una sonámbula hasta que, quedó perpleja ante una extraña panorámica de la calle, le pareció que la luz había cambiado, estaba tan cansada que pensó que alucinaba. La noche había tomado la ciudad y se sentía hambrienta;
seguía pensando que el paisaje que pisaba le resulta extrañamente familiar, había en él grandes contrastes lumínicos; observó que al otro lado de la calle se veían ventanas abiertas en el primer piso. La luz de un bar, cuyas grandes cristaleras le recuerdan a las de un acuario, resalta sobremanera e ilumina la oscuridad de la calle, a la vez que favorece la sensación de soledad y aislamiento de los clientes en el interior del mismo. Amanda interpretó que los personajes acudían allí para sentirse acompañados en su soledad; aunque la falta de calor humano entre ellos, era evidente. Observó que se trataba de un café-bar un tanto especial,cuya elegancia estaba fuera de toda duda, y sin saber cómo, se vio dentro de él. Los tres clientes y el camarero, permanecieron impasibles, ensimismados; ninguno se percató de su presencia, tampoco se miraban entre ellos, ni se hablaban, excepto el hombre que se encontraba junto a la pelirroja, que parecía pedir algo al camarero, aunque éste, encerrado tras la barra, mantenía la mirada perdida entre el cliente y la calle, sin prestarle atención. Amanda sonríe ¡Qué extraño le está resultando este día!, se sienta alejada de todos, tampoco ella tiene ningún deseo de intimar con nadie esta noche; sin saber por ué siente que encaja perfectamente en este cuadro, que forma parte de la incomunicación y el hastío que percibe. Ante la impasibilidad del taciturno camarero decide marcharse, pero descubre sorprendida que no hay puerta de salida, es entonces cuando contempla el exterior desde dentro de la cristalera; aterrorizada reconoce el museo. Amanda, es ahora una “noctámbula” más atrapada en el cuadro de Hopper.
Me gustan tanto las relatos con misterio, con personas que aun sin cuerpo, son tan reales como la vida, que leyéndote no respiré hasta el final...muchos nos sentimos muchas veces como Amanda viviendo nuestra realidad, auqneu queriendo ignorarla...
Escribes maravillosamente Libélula...
Besos..
 
qué bonito cuando el bar, como parte del hecho poético cabrón, se vuelve un lugar de perdón y olvido. ya sea aquel teibol donde por unos cuantos pesos las tipas se suben a las mesas, o ese misterioso jazz bar donde el pendejo de hajime, ahora casado, con hijos y con hipoteca , se reencuentra con su jañita de la juventud.

por eso me gusta la escena que planteás acá. la verdad es que las fuerzas que nos moldean están muy por encima de nuestra insignificante sensatez. comenzamos en un museo, pasamos por los lavabos, nos vemos al espejo: y luego estamos en la oscuridad de la barra, con un brandy en la mano.

un poco así estamos todos.

aunque los lavabos del museo guardan también sus inquietantes escenas propias juas juas juas.

salud, isa.
 
Muy buen relato en el museo, la verdad que me parece muy interesante, el juego dentro de ese lugar, muy misterioso, buena historia de Amanda.
Gracias compañero por acercarte a leer, por tu alentador comentario, no suelen los relatos ser muy leídos.
Una suerte para mi tu visita.
Gracias.
Isabel
 


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La habían despedido el día anterior, Amanda, apenas había dormido cuatro horas; se encontraba sumida en un absoluto desánimo. Siempre disfrutó de la felicidad de una soledad elegida, pero hoy las paredes de su hogar parecían estrecharse peligrosamente impidiéndole respirar. Tomó café y tras ducharse, cogió la chaqueta, el bolso y escapó calle abajo.
Era el día de los museos, caminó sin rumbo entrando y saliendo de ellos como una sonámbula hasta que, quedó perpleja ante una extraña panorámica de la calle, le pareció que la luz había cambiado, estaba tan cansada que pensó que alucinaba. La noche había tomado la ciudad y se sentía hambrienta;
seguía pensando que el paisaje que pisaba le resulta extrañamente familiar, había en él grandes contrastes lumínicos; observó que al otro lado de la calle se veían ventanas abiertas en el primer piso. La luz de un bar, cuyas grandes cristaleras le recuerdan a las de un acuario, resalta sobremanera e ilumina la oscuridad de la calle, a la vez que favorece la sensación de soledad y aislamiento de los clientes en el interior del mismo. Amanda interpretó que los personajes acudían allí para sentirse acompañados en su soledad; aunque la falta de calor humano entre ellos, era evidente. Observó que se trataba de un café-bar un tanto especial,cuya elegancia estaba fuera de toda duda, y sin saber cómo, se vio dentro de él. Los tres clientes y el camarero, permanecieron impasibles, ensimismados; ninguno se percató de su presencia, tampoco se miraban entre ellos, ni se hablaban, excepto el hombre que se encontraba junto a la pelirroja, que parecía pedir algo al camarero, aunque éste, encerrado tras la barra, mantenía la mirada perdida entre el cliente y la calle, sin prestarle atención. Amanda sonríe ¡Qué extraño le está resultando este día!, se sienta alejada de todos, tampoco ella tiene ningún deseo de intimar con nadie esta noche; sin saber por ué siente que encaja perfectamente en este cuadro, que forma parte de la incomunicación y el hastío que percibe. Ante la impasibilidad del taciturno camarero decide marcharse, pero descubre sorprendida que no hay puerta de salida, es entonces cuando contempla el exterior desde dentro de la cristalera; aterrorizada reconoce el museo. Amanda, es ahora una “noctámbula” más atrapada en el cuadro de Hopper.
Genial !.. Vengo a conocer ahora, otra faceta tuya, tu talento en la prosa , en este magnífico relato, que va tomando suspenso, en esa noche, donde te sientes la Amanda noctámbula , que busca luces, compañía, refugio y el sorprendente final que es lo que hace siempre que el relato quede muy atractivo. Gran talento para tenerlo bien guadado y sorprender. Atrapada en "Nighthawks". Un afectuso abrazo.
 
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La habían despedido el día anterior, Amanda, apenas había dormido cuatro horas; se encontraba sumida en un absoluto desánimo. Siempre disfrutó de la felicidad de una soledad elegida, pero hoy las paredes de su hogar parecían estrecharse peligrosamente impidiéndole respirar. Tomó café y tras ducharse, cogió la chaqueta, el bolso y escapó calle abajo.
Era el día de los museos, caminó sin rumbo entrando y saliendo de ellos como una sonámbula hasta que, quedó perpleja ante una extraña panorámica de la calle, le pareció que la luz había cambiado, estaba tan cansada que pensó que alucinaba. La noche había tomado la ciudad y se sentía hambrienta;
seguía pensando que el paisaje que pisaba le resulta extrañamente familiar, había en él grandes contrastes lumínicos; observó que al otro lado de la calle se veían ventanas abiertas en el primer piso. La luz de un bar, cuyas grandes cristaleras le recuerdan a las de un acuario, resalta sobremanera e ilumina la oscuridad de la calle, a la vez que favorece la sensación de soledad y aislamiento de los clientes en el interior del mismo. Amanda interpretó que los personajes acudían allí para sentirse acompañados en su soledad; aunque la falta de calor humano entre ellos, era evidente. Observó que se trataba de un café-bar un tanto especial,cuya elegancia estaba fuera de toda duda, y sin saber cómo, se vio dentro de él. Los tres clientes y el camarero, permanecieron impasibles, ensimismados; ninguno se percató de su presencia, tampoco se miraban entre ellos, ni se hablaban, excepto el hombre que se encontraba junto a la pelirroja, que parecía pedir algo al camarero, aunque éste, encerrado tras la barra, mantenía la mirada perdida entre el cliente y la calle, sin prestarle atención. Amanda sonríe ¡Qué extraño le está resultando este día!, se sienta alejada de todos, tampoco ella tiene ningún deseo de intimar con nadie esta noche; sin saber por qué siente que encaja perfectamente en este cuadro, que forma parte de la incomunicación y el hastío que percibe. Ante la impasibilidad del taciturno camarero decide marcharse, pero descubre sorprendida que no hay puerta de salida, es entonces cuando contempla el exterior desde dentro de la cristalera; aterrorizada reconoce el museo. Amanda, es ahora una “noctámbula” más atrapada en el cuadro de Hopper.
Bella escenogrfia para unos acontecimientos que sorprenden al final. me gust.
saludos de luzyabsenta
 
Impesionante relato. Me gusta mucho el estilo y el desenlace final. Te felicito. Así es la soledad, algo inerte, como las imágenes de un cuadro.

Salud, ventura y compañía.
¡Antonio! cuánto tiempo he dejado escapar por no salir del foro de poesía Clásica que me atrapó, como este cuadro de Hopper "Nighthawks (1942)"
Y ahora al recordar ese tiempo en que era el relato quien se llevaba toda mi atención, y lo bien que le sentaba a mi creatividad, siento lástima de haberme apartado. Ya ves cuanto tiempo para volver a esta lectura y encontrar que no respondí a acomentarios de gente que tuvo la amabilidad de leerlo.
Gracias y disculpas
Salud, ventura y compañía.
Isabel
 
Me gustan tanto las relatos con misterio, con personas que aun sin cuerpo, son tan reales como la vida, que leyéndote no respiré hasta el final...muchos nos sentimos muchas veces como Amanda viviendo nuestra realidad, auqneu queriendo ignorarla...
Escribes maravillosamente Libélula...
Besos..
Bella escenogrfia para unos acontecimientos que sorprenden al final. me gust.
saludos de luzyabsenta
Genial !.. Vengo a conocer ahora, otra faceta tuya, tu talento en la prosa , en este magnífico relato, que va tomando suspenso, en esa noche, donde te sientes la Amanda noctámbula , que busca luces, compañía, refugio y el sorprendente final que es lo que hace siempre que el relato quede muy atractivo. Gran talento para tenerlo bien guadado y sorprender. Atrapada en "Nighthawks". Un afectuso abrazo.
qué bonito cuando el bar, como parte del hecho poético cabrón, se vuelve un lugar de perdón y olvido. ya sea aquel teibol donde por unos cuantos pesos las tipas se suben a las mesas, o ese misterioso jazz bar donde el pendejo de hajime, ahora casado, con hijos y con hipoteca , se reencuentra con su jañita de la juventud.

por eso me gusta la escena que planteás acá. la verdad es que las fuerzas que nos moldean están muy por encima de nuestra insignificante sensatez. comenzamos en un museo, pasamos por los lavabos, nos vemos al espejo: y luego estamos en la oscuridad de la barra, con un brandy en la mano.

un poco así estamos todos.

aunque los lavabos del museo guardan también sus inquietantes escenas propias juas juas juas.

salud, isa.

Quiero expresar a todos estos compañeros que me leyeron en su día, mi agradecimiento por su lectura, su tiempo y su generosa huella. Aún no se bien, qué me hizo apartarme del relato, pero he de confesar que en esta época mi creatividad me sorprendía a mi misma. Es lo que tiene escribir relatos de ficción, que lo empiezas tú, pero luego es él quien te lleva de la mano. Esa ha sido mi experiencia. Creo que escribir relatos abre puestas a lugares desconocidos de nuestra mente, algunos hasta me han dado miedo al leerlos. Son como viajes a lo desconocido de nuestra mente, aunque siempre hay algo nuestro que se cuela en los relatos.
Un abrazo entrañable a todos y cada uno de vosotros.
Isabel (libélula)
 

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