Atronan en mi cabeza los adióses
de desgajados momentos perdidos,
de sendas polvorientas sin destino
y crepúsculos abandonados.
Ya no quiebran mis palabras en el vacío
ni mis versos son garabatos en el aire
que se pintan caprichosos al libre albedrio,
enmudecidos y vanales.
Sé que no escucharé un susurro
suplicando un quédate,
pero mi iré igualmente,
para nunca más volver.
Quizas florezcan las mañanas
o quizás sean heladas y frías
pero yo seguiré adornando los versos
de aquello que llaman poesía.
Anclaré ese glaseado coraje
en las entrañas de lo infinito
arrancaré el dolor de un solón jirón,
aunque muchos me llamen cobarde.
No venderé el aprecio
ni simularé una venganza.
No inhumaré los recuerdos
para alimentar la esperanza.
Peldaño a peldaño subiré,
así escalaré la gloría
y dejáre grabado en el tiempo
un día mas en la historia
de desgajados momentos perdidos,
de sendas polvorientas sin destino
y crepúsculos abandonados.
Ya no quiebran mis palabras en el vacío
ni mis versos son garabatos en el aire
que se pintan caprichosos al libre albedrio,
enmudecidos y vanales.
Sé que no escucharé un susurro
suplicando un quédate,
pero mi iré igualmente,
para nunca más volver.
Quizas florezcan las mañanas
o quizás sean heladas y frías
pero yo seguiré adornando los versos
de aquello que llaman poesía.
Anclaré ese glaseado coraje
en las entrañas de lo infinito
arrancaré el dolor de un solón jirón,
aunque muchos me llamen cobarde.
No venderé el aprecio
ni simularé una venganza.
No inhumaré los recuerdos
para alimentar la esperanza.
Peldaño a peldaño subiré,
así escalaré la gloría
y dejáre grabado en el tiempo
un día mas en la historia