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Las bellas golondrinas anidan mis tejados
y son el alma pura del bosque en su regazo,
transitan por el cielo gozando de la brisa
y vuelven presurosas al nido con regalos.
Abiertos los piquitos esperan impacientes
las alas veraniegas que traen el sustento
y son entre las frondas revuelos de alegrías,
en fúlgidos destellos de musicales trinos.
En un ocaso triste un día emigrarán
y el cielo sorprendido su llanto verterá
llenando el alma mía de dura soledad.
En otra primavera yo sé que volverán,
el nidito desecho de nuevo construirán
amadas avecillas de pureza y bondad.
Si falta mi presencia, prometan que vendrán
en el viento con besos de aliento maternal.