Un día volveré a mi casa;
veré delante de mí
su fachada sin argamasa.
Sus paredes, sus muros invisibles,
sus ventanas y puertas
que se abren hacia la nada.
Desde sus balcones,
colgados en la distancia,
vislumbraré el panorama
a que se acostumbraron mis ojos,
y en los rincones, vacíos, solos,
los muebles, los objetos desaparecidos,
llenarán los suelos con desorden selectivo.
Los recuerdos serán plumas,
de tonalidades brillantes,
que como polvo caerán.
que como lluvia fina mis ropas mojarán,
pero sin mancharme.
Todo estará allí,
y a la vez, nada permanecerá
en su recinto,
insensible al paso del tiempo,
a la alegría o al sufrimiento.
Mi hogar se alzará
a salvo de la decrepitud, del olvido,
del silencio que acapara a los muertos,
sellado en mi imaginación,
lacrado por mi corazón,
para regresar cuando el reloj
señale el momento.
veré delante de mí
su fachada sin argamasa.
Sus paredes, sus muros invisibles,
sus ventanas y puertas
que se abren hacia la nada.
Desde sus balcones,
colgados en la distancia,
vislumbraré el panorama
a que se acostumbraron mis ojos,
y en los rincones, vacíos, solos,
los muebles, los objetos desaparecidos,
llenarán los suelos con desorden selectivo.
Los recuerdos serán plumas,
de tonalidades brillantes,
que como polvo caerán.
que como lluvia fina mis ropas mojarán,
pero sin mancharme.
Todo estará allí,
y a la vez, nada permanecerá
en su recinto,
insensible al paso del tiempo,
a la alegría o al sufrimiento.
Mi hogar se alzará
a salvo de la decrepitud, del olvido,
del silencio que acapara a los muertos,
sellado en mi imaginación,
lacrado por mi corazón,
para regresar cuando el reloj
señale el momento.