Blas de Carmelo
Poeta recién llegado
Bienaventurada soy,
Príncipe azul soñado,
palacio que nos cobija
en un paraíso lejano.
Para nada presagiaba
mi felicidad en vano,
su amor no era sincero,
sí, traidor y afilado,
un arma de doble filo,
era un cuchillo calado.
Quiso sobornar mi amor,
usó halagos y flores,
provocó en mí resquemor,
él quería más sabores,
multiplicando temores,
os lo cuento detallado...
Príncipe de los memoles.
—El traidor se acerca—
Hueles a rosas y jazmín,
¿en qué lugar has parado?
¿Recolectas bellas flores
para un balcón amado?
Le comenté con sonrisa
a mi galán bromeando,
su insólita respuesta
me dejó patidifusa.
Cabizbajo murmuraba
con mentiras y excusas.
Abrió su vacía boca,
tartamudeó nervioso:
—Un re-regalo de Paola,
e-ella me me las pidió,
yo-yo las busqué en ramo.
¡¡¡Qué has hecho, bobalicón!!!
¿Qué sugieres? ¿Chismorrear
de tan ardua traición?
—No, mi amada princesa,
ella me las sugirió,
"La ve todas las mañanas
erizando la luz del sol,
desde su balcón posada,
incitando las miradas...
—¡Más bella que una col!—
—¡Mi princesa bronceada!—
plantada como girasol.
Solo soy un enviado
para declarar su amor."
Las flores vendrán mañana,
húmedas y dedicadas
a vuestra hermosa piel
del sueño de una amada,
las trae un cartero fiel
que no cobrará carnada.
Le pediría, querida,
que jamás me abandone
por una preciosa mujer;
mi hombría fracasada
padecería después.
Así que le sugeriría
una comida para tres,
la charla apasionada,
caricias a seis, si veis.
Sabe Dios qué bonito es
repartir amor a dos... o tres.
Así he detallado
la infidelidad cruel,
que un príncipe mengano
intentó hacer esconder,
simulando la atracción
de mujer a otra mujer...
"Despedimos al farsante,
y sí, nos dejamos querer,
porque las fábulas serán
lo que tú quieras o no creer."
Bienaventurada soy,
princesa rosa soñada,
un balcón que nos cobija
del resto de las miradas.
Príncipe azul soñado,
palacio que nos cobija
en un paraíso lejano.
Para nada presagiaba
mi felicidad en vano,
su amor no era sincero,
sí, traidor y afilado,
un arma de doble filo,
era un cuchillo calado.
Quiso sobornar mi amor,
usó halagos y flores,
provocó en mí resquemor,
él quería más sabores,
multiplicando temores,
os lo cuento detallado...
Príncipe de los memoles.
—El traidor se acerca—
Hueles a rosas y jazmín,
¿en qué lugar has parado?
¿Recolectas bellas flores
para un balcón amado?
Le comenté con sonrisa
a mi galán bromeando,
su insólita respuesta
me dejó patidifusa.
Cabizbajo murmuraba
con mentiras y excusas.
Abrió su vacía boca,
tartamudeó nervioso:
—Un re-regalo de Paola,
e-ella me me las pidió,
yo-yo las busqué en ramo.
¡¡¡Qué has hecho, bobalicón!!!
¿Qué sugieres? ¿Chismorrear
de tan ardua traición?
—No, mi amada princesa,
ella me las sugirió,
"La ve todas las mañanas
erizando la luz del sol,
desde su balcón posada,
incitando las miradas...
—¡Más bella que una col!—
—¡Mi princesa bronceada!—
plantada como girasol.
Solo soy un enviado
para declarar su amor."
Las flores vendrán mañana,
húmedas y dedicadas
a vuestra hermosa piel
del sueño de una amada,
las trae un cartero fiel
que no cobrará carnada.
Le pediría, querida,
que jamás me abandone
por una preciosa mujer;
mi hombría fracasada
padecería después.
Así que le sugeriría
una comida para tres,
la charla apasionada,
caricias a seis, si veis.
Sabe Dios qué bonito es
repartir amor a dos... o tres.
Así he detallado
la infidelidad cruel,
que un príncipe mengano
intentó hacer esconder,
simulando la atracción
de mujer a otra mujer...
"Despedimos al farsante,
y sí, nos dejamos querer,
porque las fábulas serán
lo que tú quieras o no creer."
Bienaventurada soy,
princesa rosa soñada,
un balcón que nos cobija
del resto de las miradas.
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