Fabián Menassa
Poeta adicto al portal
Un hombre se sienta sobre su corazón,
lo aprieta entre sus manos constriñéndolo,
se come su sangre coagulada
detenida en sus propios pensamientos.
Se siente juez y verdugo de su muerta ley,
ama en soledad su gesto empecinado
y no consigue entender nada
y se queja todo el tiempo
y quiere sin cambios lograr llenar la nada.
Sabe
que no sabe cuando corresponde
y siempre llega tarde,
por eso el pobre hombre
nunca llegará a nada.
lo aprieta entre sus manos constriñéndolo,
se come su sangre coagulada
detenida en sus propios pensamientos.
Se siente juez y verdugo de su muerta ley,
ama en soledad su gesto empecinado
y no consigue entender nada
y se queja todo el tiempo
y quiere sin cambios lograr llenar la nada.
Sabe
que no sabe cuando corresponde
y siempre llega tarde,
por eso el pobre hombre
nunca llegará a nada.
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