Los hijos y las hijas de Venezuela luchamos desde siempre por la libertad y la dignidad que ahora mercenarios pagados por operadores políticos y económicos tanto nacidos en Venezuela (no merecen ser llamados venezolanos/as) como extranjeros, eso sí, con muchísimas ganas unos y otros de echarle mano a Venezuela como si se tratara de un vulgar botín, pretenden volver a conculcarnos.
Según ustedes, cada hijo de barrio, cada chavista, es un asesino armado, mientras los francotiradores que por ejemplo hoy, desde la azotea de un edificio, asesinaron a un muchacho motorizado y a un agente policial que intentaban limpiar una barricada, asesinados de manera cobarde, ruín, sin dar la cara, por la espalda y con armas de precisión traídas del extranjero, esos francotiradores, para ustedes, son los "esforzados hijos de la patria que les devolverán la libertad".
Las revoluciones representan la utopía de las mejores posibilidades humanas. Estados Unidos, panacea pragmatista de las llamadas "libertades", se forjó a partir de una revolución contra un imperio opresor, el imperio inglés. La Revolución Francesa marcó un punto de inflexión en torno a las maneras de dirigir en lo sucesivo los destinos de los pueblos; de ella nació el formato de República, contra las monarquías absolutistas, en Francia, en Europa toda y hasta en Abyayala (mal llamada "Latinoamérica").
La nación a la que ustedes dicen pertenecer, amigas, nació de un proceso revolucionario conducido por Miranda primero y luego por Bolívar, contra el Imperio Español. Y si tienen dudas acerca de la naturaleza revolucionaria de nuestra gesta independentista, piensen en el Decreto de Guerra a Muerte proclamado por Bolívar en Trujillo, a principios de 1813 "Españoles y Canarios: contad con la muerte aun cuando seais indiferentes; venezolanos, contad con la vida aun cuando seais culpables" y el subsecuente fusilamiento de más de 800 españoles presos por la revolución independentista en el fortín de La Guaira.
De manera que es a través de las revoluciones como los pueblos consiguen sus conquistas, su identidad, su derecho a ser pueblos y a ser libres. La revolución de Miranda y de Bolívar fue traicionada y convertida en entrega a intereses personalistas pragmáticos de nuevos ricos (para aquel entonces) y de factores políticos extranjeros adscritos a la doctrina Monroe.
Lo que hemos venido haciendo, con el liderazgo de Chávez primero y ahora con el de Nicolás Maduro, es retomar las banderas de esa vieja e importantísima revolución traicionada, para completarla en sus propósitos y objetivos, que no eran otros que los formulados por el mismo Bolívar: Prodigar al pueblo la mayor suma de felicidad posible en libertad y con autodeterminación soberana.
Hijos de la Patria son quienes trabajan por ella, quienes la honran y la quieren. Quienes se identifican con la realidad de una nación que ha sido sistemáticamente saqueada desde el exterior con la complicidad vergonzosa, rastrera, ominosa, enferma, traidora, apátrida, de "operadores/as" malparidos en suelo venezolano.
No son hijos/as de una patria quienes pretender conculcar un esfuerzo revolucionario popular, legitimado no una sino 18 de 19 veces a través de elecciones ampliamente certificadas no solo por venezolanos sino por múltiples personajes extranjeros e instituciones internacionales no precisamente de origen venezolano (como el Centro Carter, por ejemplo), y devolverle nuestro país a los saqueadores y saqueadoras de siempre. Menos todavía pueden ser hijos de este suelo sagrado que es la PATRIA, pues aunque se burlen del concepto, sí, AHORA TENEMOS PATRIA, cuando los métodos que emplean para devolverla a los opresores esclavistas y saqueadores de oficio (verbigracia, la élite políticoeconómica estadounidense), consiste en asesinar a nuestra gente y pretender hacer ver que la violencia la estamos poniendo quienes estamos siendo amenazados y asesinados. ¿A eso le llaman ser hijo de una patria? ¿a eso le llaman "argucias normales de guerra? ¿El fin -de por sí ruin- justifica medios criminales y terroristas?
Les sugiero visitar el país y quitarse la camisa de víctimas. Por cierto, visitar un país no es pasearse por hoteles y quintas lujosas, o frecuentar los círculos y las personas de siempre, sino ver la otra realidad, la que niegan, la de los hombres y mujeres del pueblo a quienes pretenden acorralar a punta de asesinatos cobardes, a punta de sabotaje sostenido de guerrilla paramilitar derechista urbana. Luego se hacen pasar por blancas ovejas mansitas humilladas, ofendidas, violadas y asesinadas por un rrrrégimen maligno.
Ni puede saberse la patria venezolana viendo CNN o leyendo los cables de reuters.
La Patria no se entrega, la Patria no se denigra. La Patria no se vende. La Patria se defiende... para ganar el derecho a ser considerado hijo/a de ella.
Y esos pretendidos "hijos abnegados y heroicos" que ponen guayas en las calles y francotiradores en los edificios para matar "negros e indios tierrúos chavistas" NO VAN A GANAR. Métanselo en sus respectivas mentes: aquí hay dignidad. Aquí hay convicción patriótica revolucionaria. Esos pseudohijos de Venezuela serán derrotados y deberán pagarle al pueblo libre y heroico de esta Patria orgullosamente socialista y revolucionaria, los abyectos crímenes que han cometido. Les espera la ignominia histórica y una buena dosis de cárcel (muerte no, porque los revolucionarios no matamos por la espalda a nadie, como sí lo hacen esos a quienes ustedes defienden... ni matamos a nadie si se le puede castigar por sus crímenes de otra manera).
Ninguna guaya, ni bomba, ni bota imperial alguna, va a doblegar la voluntad histórica de este pueblo de ser libre, soberano y socialista. Asesinen a cuantos asesinen, humillen a cuantos humillen. Esta es una raza de guerreros invencibles, indoblegables. Estamos muy despiertos, atentos y de pie. Aquí habrá Patria para siempre, duélale a quien le duela, gústele o no a cualquier gobierno extranjero con pretendida vocación imperialista. Ya nos menospreció España, se burló de nosotros a placer e intentó doblegarnos. Nos costó la tercera parte de nuestra población, pero la echamos para siempre de este suelo sagrado, humillada y con un montón de cadáveres a cuestas. Así mismo lo haremos con cualquier otro que pretenda ponernos la mano encima.
Hasta luego.