Un lobo hambriento aúlla entre los árboles

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imagen tomada de la red


Me mira octubre —onírico y convulso—
brama desde el profundo foso,
aligera su paso,
con voz pasiva
sentencia...
Cose mi sombra al blanco de mis sábanas.
Musgos en la pared eterna mugen
afónicos
—como el bambú— se yerguen solitarios
al filo de la noche sin memorias
cuando el alféizar de la tarde expira
detrás del horizonte
y yo expiro en la espera.
Un sopor ata
los sueños en el limbo;
reposa en el atril el negro cántaro;
voces sin labios,
sin rostros las miradas, sin pecho los latidos
y un lobo hambriento aúlla entre los árboles.

octubre 22, 2017
Heredia, Costa Rica
La sensación de espera entre las voces en medio de un bosque oscuro y un lobo hambriento.
Un placer leer, saludos.
 
Uno de los mejores poemas que he leído hasta ahora. Tristeza infinita, dolor y melancolía, envuelven sus versos pero aún a pesar de ello una gran belleza. Magnífico poema, vaya mi felicitación y saludo para usted.
 

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