Morgan H.Yabar
Poeta que considera el portal su segunda casa
La oscuridad no me alcanza para enceguecer el prisma donde siempre se vuelca el alma.
Estoy en la última ruina, soñando contigo. Me revuelvo en la inmensidad evocando los recuerdos como un hechizo. El dolor amenaza.
al mismo tiempo que me resisto, la posibilidad de vencerme sobre las rosas negras, casi me atrapa. Me duelo, me revuelvo y te abrazo como si estuvieras presente. Mis ojos se niegan a conformarse y me hablan desde sus cuencas, surcándome la piel.
tengo un buen motivo cierro los puños esperando inútilmente que eso sea suficiente.
Me sorprende escucharme reír. La sabiduría debería ser, una fuente donde la sed se conforma y no el ultrajante veneno, que ata todas las cosas; que las resume y las encausa que las postra con un dolor tan infame.
Debo hacerlo todo, como dije que haría.
Sí, yo también te extraño.
Estoy en la última ruina, soñando contigo. Me revuelvo en la inmensidad evocando los recuerdos como un hechizo. El dolor amenaza.
al mismo tiempo que me resisto, la posibilidad de vencerme sobre las rosas negras, casi me atrapa. Me duelo, me revuelvo y te abrazo como si estuvieras presente. Mis ojos se niegan a conformarse y me hablan desde sus cuencas, surcándome la piel.
tengo un buen motivo cierro los puños esperando inútilmente que eso sea suficiente.
Me sorprende escucharme reír. La sabiduría debería ser, una fuente donde la sed se conforma y no el ultrajante veneno, que ata todas las cosas; que las resume y las encausa que las postra con un dolor tan infame.
Debo hacerlo todo, como dije que haría.
Sí, yo también te extraño.