Ivan Morales
Poeta recién llegado
I.
Había en mi escuela
Un árbol viejo y carcomido,
Que sin embargo ahora
Permanece entre las ruinas de aquel colegio derruido.
Parábase todos los días frente a él
un niño con pelo corto y en cresta,
Y cuyo rostro recordar
Ahora me cuesta.
Suena hoy por él una campana
Que lleva consigo los vestigios de una tradición cristiana,
Que hace que el rostro que no recuerdo,
Salga hoy de allí,
en brazos de los no muertos.
Lo cierto, y es curioso
Es que de aquel árbol recuerdo cada detalle,
Será quizás señal de un curso de vida vertiginoso,
Y del recuerdo de cuando una vez
Tuve felicidad.
II.
Justo esa mañana,
Había visto a aquel niño en el espejo;
Y pese a su faz borrosa en el reflejo,
Pude de alguna manera reconocer a aquel niño.
Tenía en sus ojos una mirada que hacía tiempo no veía,
Y por él parecían no haber pasado los años.
Y aunque pareciera inofensivo he de decir,
Que verlo, a mi reflejo le hizo daño.
No obstante, nos pusimos a dialogar
Y por consiguiente del curso de nuestras vidas reflexionar
Y fue entonces cuando me di cuenta
De cuánto la visión de aquel árbol había cambiado en aquellos años,
Cincuenta.
El carcomido árbol que yo veía en mis recuerdos,
Él lo recordaba lleno de verde vegetación,
Y entre esos desacuerdos,
Se llegó a la conclusión
De que desde luego lo veíamos muy distintos los dos.
III.
Para cuando el niño fue enterrado,
Nada de él quedaba en el ataúd.
Se le pusieron unas flores encima para darle belleza,
Como si eso cambiase algo su salud.
Muchas veces había muerto a lo largo de su vida,
Y es que, ¿acaso no es el cambio un tipo de muerte?
Pero pese a todas las veces dicha acción repetida,
Esta fue la final.
Y de aquella oscura tumba,
Creció poco a poco un pasto.
Y como si del niño y la tierra fuera pacto,
Un árbol inmenso nació.
Y aquella verde mano,
En la que vivían de todas clases animales,
Intentó dar felicidad
A la gente que venía de todos lugares
A aquel árbol divisar.
Y entonces viendo el niño,
Ahora árbol,
Lo que a los demás él les brindó
Un día pensó,
¿Es esto lo que aquel árbol en su momento hizo por nosotros dos?
Y es que hay ahora en mi tumba
Un árbol joven y verde,
Que crece cada día más
Para que así se le recuerde.
Érase él antes,
un niño con pelo corto y en cresta,
Y cuyo rostro recordar
Ahora me cuesta.
Había en mi escuela
Un árbol viejo y carcomido,
Que sin embargo ahora
Permanece entre las ruinas de aquel colegio derruido.
Parábase todos los días frente a él
un niño con pelo corto y en cresta,
Y cuyo rostro recordar
Ahora me cuesta.
Suena hoy por él una campana
Que lleva consigo los vestigios de una tradición cristiana,
Que hace que el rostro que no recuerdo,
Salga hoy de allí,
en brazos de los no muertos.
Lo cierto, y es curioso
Es que de aquel árbol recuerdo cada detalle,
Será quizás señal de un curso de vida vertiginoso,
Y del recuerdo de cuando una vez
Tuve felicidad.
II.
Justo esa mañana,
Había visto a aquel niño en el espejo;
Y pese a su faz borrosa en el reflejo,
Pude de alguna manera reconocer a aquel niño.
Tenía en sus ojos una mirada que hacía tiempo no veía,
Y por él parecían no haber pasado los años.
Y aunque pareciera inofensivo he de decir,
Que verlo, a mi reflejo le hizo daño.
No obstante, nos pusimos a dialogar
Y por consiguiente del curso de nuestras vidas reflexionar
Y fue entonces cuando me di cuenta
De cuánto la visión de aquel árbol había cambiado en aquellos años,
Cincuenta.
El carcomido árbol que yo veía en mis recuerdos,
Él lo recordaba lleno de verde vegetación,
Y entre esos desacuerdos,
Se llegó a la conclusión
De que desde luego lo veíamos muy distintos los dos.
III.
Para cuando el niño fue enterrado,
Nada de él quedaba en el ataúd.
Se le pusieron unas flores encima para darle belleza,
Como si eso cambiase algo su salud.
Muchas veces había muerto a lo largo de su vida,
Y es que, ¿acaso no es el cambio un tipo de muerte?
Pero pese a todas las veces dicha acción repetida,
Esta fue la final.
Y de aquella oscura tumba,
Creció poco a poco un pasto.
Y como si del niño y la tierra fuera pacto,
Un árbol inmenso nació.
Y aquella verde mano,
En la que vivían de todas clases animales,
Intentó dar felicidad
A la gente que venía de todos lugares
A aquel árbol divisar.
Y entonces viendo el niño,
Ahora árbol,
Lo que a los demás él les brindó
Un día pensó,
¿Es esto lo que aquel árbol en su momento hizo por nosotros dos?
Y es que hay ahora en mi tumba
Un árbol joven y verde,
Que crece cada día más
Para que así se le recuerde.
Érase él antes,
un niño con pelo corto y en cresta,
Y cuyo rostro recordar
Ahora me cuesta.