Óscar Pérez
Poeta asiduo al portal
Unobrero perece
Arqueaba el corazón su melodía
de viejo palpitar, de sangre a chorros,
el cielo lo escuchaba y sin ahorros
llenábale de estrellas cada día.
Pero él ni las miraba, sólo erguía
su tosca maldición contra los zorros,
que con su piel de hombres y cachorros
lo hacían trabajar en su agonía.
La edad lo sorprendió sin utopía,
con costras, con rumores de abejorros
que truecan lo real en fantasía.
Un día no siguió, sus calamorros
dejó a un costado de la roja vía
y la muerte lo amó ya sin socorros.
19 07 11
Arqueaba el corazón su melodía
de viejo palpitar, de sangre a chorros,
el cielo lo escuchaba y sin ahorros
llenábale de estrellas cada día.
Pero él ni las miraba, sólo erguía
su tosca maldición contra los zorros,
que con su piel de hombres y cachorros
lo hacían trabajar en su agonía.
La edad lo sorprendió sin utopía,
con costras, con rumores de abejorros
que truecan lo real en fantasía.
Un día no siguió, sus calamorros
dejó a un costado de la roja vía
y la muerte lo amó ya sin socorros.
19 07 11
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