Anoche aquí rondaste en mis narices.
Sobre mis claustros dibujaste puertas.
Un perfecto arcoíris con mis grises.
Guirnaldas ocres con mis rosas muertas.
Acordes extrajiste a mi mudez
y de una caja un baile de muñeca.
Fue tu abrigo mi fría desnudez
y tu mejor sonrisa fue mi mueca.
En mis hojas de otoño caminaste.
Anidaste mi angustia en tu bolsillo.
De vacíos espacios te adueñaste
y sólo de tu vuelta soy caudillo.
Se convierte en tarea muy sencilla
superar la barrera comprensible.
Es alma moldeable como arcilla,
de los dos, horizonte susceptible.
Y no es más que otra rauda sucesión.
Involuntaria forma que se entrega.
Cautivante, real, sin restricción
que en nuestro mar de sueños fiel navega.
Es tarde para dar la marcha atrás
a lo que siento y que temprano intuiste.
Como un obsequio oculto por detrás
lo que guarda el papel ya tú lo viste.
Última edición: