Évano
Libre, sin dioses.
Millares de esqueletos
titilan y pasean la ciudad
con sus bolsas de plástico
en vaivén al andar.
Llevan en ellas a sus carnes,
venas, arterias y órganos vitales,
y a sangres que gotean
la acera resbalante.
Parpadean luces de neón
y penetran los blancos de farolas
en los bancos abiertos y contentos
por recibir a las bolsas de un pueblo
que entrega alucinado su armafloja.
Sombreros de copas y fracs
brindan con cava con cada
una de las bolsas recibidas.
Miles de esqueletos titilan al andar.
Dentro de las bolsas huelen las narices
tortillas de patatas y sopas de Avecrem,
aroma que esparce la brisa de la noche.
Resuenan las bolsas al roce de los huesos
entre las hojas voladoras del otoño.
Reíd, alegraos, que a Jesús y a Cristo
lo vuelven a nacer.
titilan y pasean la ciudad
con sus bolsas de plástico
en vaivén al andar.
Llevan en ellas a sus carnes,
venas, arterias y órganos vitales,
y a sangres que gotean
la acera resbalante.
Parpadean luces de neón
y penetran los blancos de farolas
en los bancos abiertos y contentos
por recibir a las bolsas de un pueblo
que entrega alucinado su armafloja.
Sombreros de copas y fracs
brindan con cava con cada
una de las bolsas recibidas.
Miles de esqueletos titilan al andar.
Dentro de las bolsas huelen las narices
tortillas de patatas y sopas de Avecrem,
aroma que esparce la brisa de la noche.
Resuenan las bolsas al roce de los huesos
entre las hojas voladoras del otoño.
Reíd, alegraos, que a Jesús y a Cristo
lo vuelven a nacer.
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