Un pueblo alucinante

Évano

Libre, sin dioses.
Millares de esqueletos
titilan y pasean la ciudad
con sus bolsas de plástico
en vaivén al andar.

Llevan en ellas a sus carnes,
venas, arterias y órganos vitales,
y a sangres que gotean
la acera resbalante.

Parpadean luces de neón
y penetran los blancos de farolas
en los bancos abiertos y contentos
por recibir a las bolsas de un pueblo
que entrega alucinado su armafloja.

Sombreros de copas y fracs
brindan con cava con cada
una de las bolsas recibidas.

Miles de esqueletos titilan al andar.
Dentro de las bolsas huelen las narices
tortillas de patatas y sopas de Avecrem,
aroma que esparce la brisa de la noche.

Resuenan las bolsas al roce de los huesos
entre las hojas voladoras del otoño.

Reíd, alegraos, que a Jesús y a Cristo
lo vuelven a nacer.
 
Última edición:
Un poema todo originalidad amigo Évano
y muy profundo en los sentimientos que expresa.
Un abrazo, me ha encantado leerte.
No estaría mal que resucitaran a Cristo,
hace ya por desgracia mucho tiempo que su palabra
ha sido olvidada por los hombres.
 
Aquí, simplemente estamos de paso
huesos y carne,
materia temporal, prestado
el mismo que retorna a la tierra
cuando nuestro ciclo termina,
solo subsiste la esencia
viandante pensamiento a través de los espacios
perfeccionándose para ser luz eterna.
Un ejemplo vivo, un Cristo interior
huella para seguir sus pasos
por senderos de amor y generosidad
del perdón.
Cada quien lo ve con ojos diferentes,
y una única verdad, EL AMOR.
 

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