Évano
Libre, sin dioses.
Si creíste ser Plutón,
la otra cara de la Luna,
un mendigo sin fortuna
o el queso de un ratón
colocado en una esquina
de una mesa sin mantel;
y no estás ni en el pastel
de una pésima cantina
del rata-chef de Plutón
que sirve a mendigo y Luna
en su cantina vacía,
entonces nadie te niega
que entiendas de soledad.
Si te aplastaron estrellas
y no podías respirar
la impotencia de la noche;
y sollozos reventaban
en adentros de tu pecho;
y tanta rabia acudía
que temblaba hasta la Tierra,
entonces nadie te niega
que entiendas a la impotencia.
Si te comprimió el mundo,
desapareciste en ti
y fuiste eco en el desierto
o agua en fango de orinas
donde pisaban amigos
y escupían enemigos,
entonces nadie te niega
que seas pura venganza,
que hundas al cielo de ira
y que lo unas al infierno
y destroces todo amor
que pulule por tu suelo;
que abras brazos y puños
y abraces a los avernos
hasta inundar tus entrañas
con raíces que alcanzan cielos.
Que nunca te hunda el amor,
pues si nadie te lo dio,
siendo claro como el viento,
merecen lo que han dado
sin tener ningún aliento.
No creas que eres culpable
por no dar la otra mejilla.
No te mereces la quilla
de un Arca más que improbable.
 
la otra cara de la Luna,
un mendigo sin fortuna
o el queso de un ratón
colocado en una esquina
de una mesa sin mantel;
y no estás ni en el pastel
de una pésima cantina
del rata-chef de Plutón
que sirve a mendigo y Luna
en su cantina vacía,
entonces nadie te niega
que entiendas de soledad.
Si te aplastaron estrellas
y no podías respirar
la impotencia de la noche;
y sollozos reventaban
en adentros de tu pecho;
y tanta rabia acudía
que temblaba hasta la Tierra,
entonces nadie te niega
que entiendas a la impotencia.
Si te comprimió el mundo,
desapareciste en ti
y fuiste eco en el desierto
o agua en fango de orinas
donde pisaban amigos
y escupían enemigos,
entonces nadie te niega
que seas pura venganza,
que hundas al cielo de ira
y que lo unas al infierno
y destroces todo amor
que pulule por tu suelo;
que abras brazos y puños
y abraces a los avernos
hasta inundar tus entrañas
con raíces que alcanzan cielos.
Que nunca te hunda el amor,
pues si nadie te lo dio,
siendo claro como el viento,
merecen lo que han dado
sin tener ningún aliento.
No creas que eres culpable
por no dar la otra mejilla.
No te mereces la quilla
de un Arca más que improbable.
 
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