Se que no volverás,
me lo ha gritado a ladridos
esta distancia que sembraste.
Ya no volteo a mirar
ni por curiosidad ni por esperanza,
te perdí en todo este tiempo
que llevas pintándome de gris el horizonte,
la esquina solitaria no la rondo
ni con pretextos tontos,
no regreso a fumar tu ausencia.
No volverás a recibir mis flores
el rosal incinera sus hojas,
en cenicientas huellas
sus botones virginales
mueren hasta envejecer,
en plañideras fragancias
porque ya nadie hurta sus rosas.
El cartero no tendrá más prisa
por acercarme tus palabras,
que desmayan sin color
tus trazos púrpuras de aromas.
Se que no volverás
se adormita el despertador,
en las horas vacías
que no se llenan de arenas de tiempo,
empantanado momento
con silencio de templo;
ya no devoraras mis escritos con la mirada
mientras acentuabas mis intentos,
te dejaba hacerlos desde mis espaldas
riendo nos besábamos contentos.
No me busque en el lado del ventanal
ese de mayor luz,
donde los cofres guardan tus misivas
que tardes eternas nos sentábamos a escribir.
No estaré,
porque se que no volverás.