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Poeta recién llegado
Dormida está la princesa,
-inclinado el duque llora-
de daga mortal fue presa,
al cielo fue la princesa.
Alzó vuelo la cantora
-de los más hermosos cuentos-,
de los nobles del imperio
y de los niños hambrientos;
la rima de pasos lentos
rápido la tomó en serio.
Pasos lentos -más seguro-
que a los niños enseñaran
de los saltos del canguro,
de la hormiga como apuro.
De las cremas que lustraran
los dientes con un cepillo,
de la iluminada tierra,
la serenata del grillo,
de la bella luna el brillo
y lo que un regaño encierra.
Muchas otras enseñanzas,
dejó la bella princesa
complementando una alianza
con lo padres en sus crianzas.
Para nadie fue sorpresa
que con letras infantiles
el duque se dedicara
-con otros hombres, viriles-
con instrucciones sutiles,
lo que su amada iniciara.
El Reino de la Pradera
-no fue el único en el mundo-,
aunque un bruto lo quisiera,
no dejó que se rindiera.
Por un decreto rotundo,
en honor a su trabajo
y de la princesa Abril,
el rey les dio un agasajo
-escrito en un buen legajo-:
¡El Gran Rincón Infantil!
Llegaron en primavera
las mariposas monarcas,
que sin que nadie las viera
y el viento no las batiera,
construyeron lindas barcas
sin estar en su costumbre.
Más el hecho así lo honraba:
el sol radiante en la cumbre
y en llanto la muchedumbre
al gentil duque esperaba.
Reposa el cuerpo en la barca
-del cantor de grandes cuentos-
y en la más pequeña embarca
su alma en cristalina arca.
La trasladarán los vientos
a los brazos de su amada,
que esperando está en la cumbre
-en fecha y hora acordada-,
entre las flores del hada
y su amado la vislumbre.
En el prado siguió el reino
y el Gran Rincón Infantil.
En lo eterno y lo divino
el duque y la noble Abril.