Orfelunio
Poeta veterano en el portal
♣
Un sol de madrugada
Suena el despertador,
son las cuatro y media;
me levanto de la cama
con el sueño delator
en la incierta logopedia
del misterio de una dama
con que fui consolador.
Desayuno dos tostadas
con aceite y mermelada;
voy al baño atusador,
y en el camino, pensador,
brillan las estrellas en lo alto,
donde Júpiter está al asalto
deslumbrando como astro
que ilumina nuestro Sol.
Llego tarde, dejo el cielo
que miraba todo de arte,
y me esmero en el paso
que me lleva al artificio;
aprendido ya el oficio,
vistiendo en blanco raso
ya soy emprendedor.
Y un sol se mueve
bajo la noche plateada,
y un sol se enciende
en la faena aceptada;
y un sol se enfría
en la cámara helada,
y un sol descansa de albor,
cuando su ansia cerrada
impide el paso al sudor.
Salgo de un invierno
y entro en un verano,
en el relevo algún cigarro;
huelo polvo, huelo ácidos,
y ya cansado soy un sol
que reverbera su apagado
convertido en soñador.
Limpio máquinas deprisa,
paso llave y paso ficha;
vuelvo a casa, y aquel sol
que ahora me alumbra,
alumbraba en madrugada,
a mí, en la niebla Tierra,
y al gran Júpiter de brisa,
que me mira inquisidor.
Treinta y siete grados hacia casa,
el calor no se me pasa;
él sigue en su labor,
da servicio a toda masa
Es el gran trabajador.
Mucho tiempo ha que pasa,
muchas noches que fracasa;
muchos días con el giro de dolor,
muchas luces sus carasas,
muchos muertos en su honor.
La cenicienta se nos quema,
la Marquesa usa protección,
el factor es lo de menos;
al Marqués pone los cuernos,
y dirá que es culpa del sol,
que usó el ungüento eterno,
del suyo no quedaba,
hace tiempo se gastó.
Para un sol que es todo flama,
valga un pobre en su doblón,
que es más rico por las ganas
que aquél que rico las perdió.
El espectáculo fue triste,
y me reí con risa falsa;
ella encima, sobre el sol,
tiene brío y no se cansa;
yo, Marqués cansado soy un quiste
esperando la jubilación.
El poeta quiere ser verdad,
el poeta quiere ser un sol;
el poeta quiere ser la luna,
el poeta es sinceridad;
el poeta quiere de amor
estrella como ninguna,
un brillo de intensidad
acorde con su fortuna,
que busca lleno de albor,
y encuentra en la inmensidad,
descrita de una en una,
poesía para amar,
y poesía para odiar
en poemas de locura.
Los idos viven su bondad
en los cuerpos que maduran,
que son locos que al andar
quedan cuerdos de hermosura.
Llena está la humanidad
de los dioses en su espuma;
deje el hombre un caminar,
que camine hasta su tumba,
y pueda al fin, en tanta paz,
descansar su amargura.
¿Qué es la felicidad?
Un instante que es premura,
un momento que elegante,
lo vestimos por delante
esperando nos descubra
la muerte y su talante,
la única verdad siendo futura,
implacable en su equidad,
llena de luz y oscuridad,
llena de albor y cerradura,
que impide ver el sol
siendo el fuego quemaduras,
de un estado que es el no
en el sí que más madura.
¿Qué soy yo?
¿Qué eres tú?
Qué consciencia presentir
que me muero por morir,
y vivo soy con tu lectura,
si consigo hacer teñir
a tu pena de mixtura,
que le espera un porvenir
de colores y blancuras,
cuando llegues al confín
de tus años y sus dudas.
No estés triste,
las nubes más oscuras
son los soles que no viste,
que no vemos por más puras;
y creemos por despiste,
que la carne por más dura
tarda más en consumirse,
que no todo sol, su combustible,
se agota en desigual moldura;
hay soles tan enormes,
que el espacio más deforme
sólo encierra curvaturas,
y si yo, soy el todo orbe,
enorme es, y tan acorde
como grande es su sepultura.
Un sol de madrugada
Suena el despertador,
son las cuatro y media;
me levanto de la cama
con el sueño delator
en la incierta logopedia
del misterio de una dama
con que fui consolador.
Desayuno dos tostadas
con aceite y mermelada;
voy al baño atusador,
y en el camino, pensador,
brillan las estrellas en lo alto,
donde Júpiter está al asalto
deslumbrando como astro
que ilumina nuestro Sol.
Llego tarde, dejo el cielo
que miraba todo de arte,
y me esmero en el paso
que me lleva al artificio;
aprendido ya el oficio,
vistiendo en blanco raso
ya soy emprendedor.
Y un sol se mueve
bajo la noche plateada,
y un sol se enciende
en la faena aceptada;
y un sol se enfría
en la cámara helada,
y un sol descansa de albor,
cuando su ansia cerrada
impide el paso al sudor.
Salgo de un invierno
y entro en un verano,
en el relevo algún cigarro;
huelo polvo, huelo ácidos,
y ya cansado soy un sol
que reverbera su apagado
convertido en soñador.
Limpio máquinas deprisa,
paso llave y paso ficha;
vuelvo a casa, y aquel sol
que ahora me alumbra,
alumbraba en madrugada,
a mí, en la niebla Tierra,
y al gran Júpiter de brisa,
que me mira inquisidor.
Treinta y siete grados hacia casa,
el calor no se me pasa;
él sigue en su labor,
da servicio a toda masa
Es el gran trabajador.
Mucho tiempo ha que pasa,
muchas noches que fracasa;
muchos días con el giro de dolor,
muchas luces sus carasas,
muchos muertos en su honor.
La cenicienta se nos quema,
la Marquesa usa protección,
el factor es lo de menos;
al Marqués pone los cuernos,
y dirá que es culpa del sol,
que usó el ungüento eterno,
del suyo no quedaba,
hace tiempo se gastó.
Para un sol que es todo flama,
valga un pobre en su doblón,
que es más rico por las ganas
que aquél que rico las perdió.
El espectáculo fue triste,
y me reí con risa falsa;
ella encima, sobre el sol,
tiene brío y no se cansa;
yo, Marqués cansado soy un quiste
esperando la jubilación.
El poeta quiere ser verdad,
el poeta quiere ser un sol;
el poeta quiere ser la luna,
el poeta es sinceridad;
el poeta quiere de amor
estrella como ninguna,
un brillo de intensidad
acorde con su fortuna,
que busca lleno de albor,
y encuentra en la inmensidad,
descrita de una en una,
poesía para amar,
y poesía para odiar
en poemas de locura.
Los idos viven su bondad
en los cuerpos que maduran,
que son locos que al andar
quedan cuerdos de hermosura.
Llena está la humanidad
de los dioses en su espuma;
deje el hombre un caminar,
que camine hasta su tumba,
y pueda al fin, en tanta paz,
descansar su amargura.
¿Qué es la felicidad?
Un instante que es premura,
un momento que elegante,
lo vestimos por delante
esperando nos descubra
la muerte y su talante,
la única verdad siendo futura,
implacable en su equidad,
llena de luz y oscuridad,
llena de albor y cerradura,
que impide ver el sol
siendo el fuego quemaduras,
de un estado que es el no
en el sí que más madura.
¿Qué soy yo?
¿Qué eres tú?
Qué consciencia presentir
que me muero por morir,
y vivo soy con tu lectura,
si consigo hacer teñir
a tu pena de mixtura,
que le espera un porvenir
de colores y blancuras,
cuando llegues al confín
de tus años y sus dudas.
No estés triste,
las nubes más oscuras
son los soles que no viste,
que no vemos por más puras;
y creemos por despiste,
que la carne por más dura
tarda más en consumirse,
que no todo sol, su combustible,
se agota en desigual moldura;
hay soles tan enormes,
que el espacio más deforme
sólo encierra curvaturas,
y si yo, soy el todo orbe,
enorme es, y tan acorde
como grande es su sepultura.