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UN SUEÑO QUE NO HA SIDO

Gonvedo

Poeta asiduo al portal
Recuerdo de esta noche un sueño que no ha sido,
como un mar de olas quietas conquistando el silencio.
Es este el sueño de un cuerpo vacío como una playa
sin huellas, como un reloj de niebla o de un sol espantado
que ha tocado fondo, como certeza de lo que fue perdido.
Yo soy lo que de mí mismo ignoro y, también, memoria
de aquello que para sí reclama la sangre y su estallido,
el latido del hueso, la carne que huye, y esa piedra de luz
que habita en el envés de lo invisible.
Cualquier noche volverá ese sueño, en la almohada
dos lágrimas oscuras, un cadáver de luz definitiva,
techos y paredes inundándose de voces, mi boca gravita
prendida de tu boca, que se diría que el aire está naciendo,
la espalda tatuada de himnos y de mapas transatlánticos.
 
Recuerdo de esta noche un sueño que no ha sido,
como un mar de olas quietas conquistando el silencio.
Es este el sueño de un cuerpo vacío como una playa
sin huellas, como un reloj de niebla o de un sol espantado
que ha tocado fondo, como certeza de lo que fue perdido.
Yo soy lo que de mí mismo ignoro y, también, memoria
de aquello que para sí reclama la sangre y su estallido,
el latido del hueso, la carne que huye, y esa piedra de luz
que habita en el envés de lo invisible.
Cualquier noche volverá ese sueño, en la almohada
dos lágrimas oscuras, un cadáver de luz definitiva,
techos y paredes inundándose de voces, mi boca gravita
prendida de tu boca, que se diría que el aire está naciendo,
la espalda tatuada de himnos y de mapas transatlánticos.
Hay cosas que jamás se olvidan.

Saludos
 
Recuerdo de esta noche un sueño que no ha sido,
como un mar de olas quietas conquistando el silencio.
Es este el sueño de un cuerpo vacío como una playa
sin huellas, como un reloj de niebla o de un sol espantado
que ha tocado fondo, como certeza de lo que fue perdido.
Yo soy lo que de mí mismo ignoro y, también, memoria
de aquello que para sí reclama la sangre y su estallido,
el latido del hueso, la carne que huye, y esa piedra de luz
que habita en el envés de lo invisible.
Cualquier noche volverá ese sueño, en la almohada
dos lágrimas oscuras, un cadáver de luz definitiva,
techos y paredes inundándose de voces, mi boca gravita
prendida de tu boca, que se diría que el aire está naciendo,
la espalda tatuada de himnos y de mapas transatlánticos.
Muy bueno estimado Gonvedo. Un abrazo con la pluma del alma
 
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