Octaviano Mundo
Poeta recién llegado
Crecer, como un tallo ensartado;
condecorado de madurez.
Crecer, encogido en el alma
de un trecho de monotonía.
Crecer, empequeñecido;
mientras la tierra se expande,
y el continente se aleja
como un barco de juventud.
Nos deja en tierra baldía.
Se lleva, los vivos pigmentos,
del alba a la cresta lunar;
nos deja su melancolía.
Y queda una añoranza... se fue,
buscando otro lugar,
donde no importen las horas.
Donde aún, la vanidad
era un alto tótem de orgullo,
señalando con el índice
su humano reflejo inmortal.
Crecer, es una herejía,
que uno comete en su contra.
Crecer, es ser ateo
ante la propia omnipotencia.
Llorar, ante la burla
que la vejez suponía,
viendo, las venas del ocaso,
brotar, arrugas en tu padre.
Dolorido; allá,
donde arrancan el paraíso
de los hígados, las aves,
que en volandas nos aupaban.
Y dejan, una ruda roca
por golpear, del mundo;
hasta que caigan los hombros,
y muramos dando forma.
condecorado de madurez.
Crecer, encogido en el alma
de un trecho de monotonía.
Crecer, empequeñecido;
mientras la tierra se expande,
y el continente se aleja
como un barco de juventud.
Nos deja en tierra baldía.
Se lleva, los vivos pigmentos,
del alba a la cresta lunar;
nos deja su melancolía.
Y queda una añoranza... se fue,
buscando otro lugar,
donde no importen las horas.
Donde aún, la vanidad
era un alto tótem de orgullo,
señalando con el índice
su humano reflejo inmortal.
Crecer, es una herejía,
que uno comete en su contra.
Crecer, es ser ateo
ante la propia omnipotencia.
Llorar, ante la burla
que la vejez suponía,
viendo, las venas del ocaso,
brotar, arrugas en tu padre.
Dolorido; allá,
donde arrancan el paraíso
de los hígados, las aves,
que en volandas nos aupaban.
Y dejan, una ruda roca
por golpear, del mundo;
hasta que caigan los hombros,
y muramos dando forma.
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