danie
solo un pensamiento...
Escúchame, pibe,
escucha este tango
que algún fulano
chifla por lo bajo
con aires nostálgicos
de bandoneón.
Mi Buenos Aires
es como un malvón,
como una mina piola
o un Naranjo en flor,
el cual llevo
prendido de la solapa
de mi pilcha
de años de soñador.
Un viejo tango
que canta Carlitos
en los zaguanes
más cercanos del corazón,
un Yira-yira,
un Garufa,
un siglo XX Cambalache,
un Cafetín de alrededor,
una fija de Discépolo,
un chamuyo
de conquistador,
la esquina de siempre
y aquella farola
esperando la cita
de la morocha,
de la francesita
o de madame Lolita.
"Mi Buenos Aires
es ese…
Qué sé yo".
Mi Buenos Aires,
entre corte y quebrada,
sobre esta piel porteña
cada vez duela más;
y duele por su silueta
de paso doble,
por las noches encendidas
de Corrientes
lantiendo fuerte,
cual luciérnagas briosas
en la memoria
vestidas de cafés y tintos
de un húmedo bodegón.
Yo te bato la posta, pibe,
y es que cuando oigo
a Pichuco,
desde el cielo, componiendo
me dan ganas de cachar
la gomina y el traje,
secarme las lágrimas
y tomarme el raje
pa’ la ciudad
que me vio de purrete.
Pa’ qué negarlo, pibe,
cuando oigo un tango
de viejas cepas,
simplemente,
me pongo a ladrar
las últimas cuerdas
del Gardel que llevo dentro
que jamás morirá.
escucha este tango
que algún fulano
chifla por lo bajo
con aires nostálgicos
de bandoneón.
Mi Buenos Aires
es como un malvón,
como una mina piola
o un Naranjo en flor,
el cual llevo
prendido de la solapa
de mi pilcha
de años de soñador.
Un viejo tango
que canta Carlitos
en los zaguanes
más cercanos del corazón,
un Yira-yira,
un Garufa,
un siglo XX Cambalache,
un Cafetín de alrededor,
una fija de Discépolo,
un chamuyo
de conquistador,
la esquina de siempre
y aquella farola
esperando la cita
de la morocha,
de la francesita
o de madame Lolita.
"Mi Buenos Aires
es ese…
Qué sé yo".
Mi Buenos Aires,
entre corte y quebrada,
sobre esta piel porteña
cada vez duela más;
y duele por su silueta
de paso doble,
por las noches encendidas
de Corrientes
lantiendo fuerte,
cual luciérnagas briosas
en la memoria
vestidas de cafés y tintos
de un húmedo bodegón.
Yo te bato la posta, pibe,
y es que cuando oigo
a Pichuco,
desde el cielo, componiendo
me dan ganas de cachar
la gomina y el traje,
secarme las lágrimas
y tomarme el raje
pa’ la ciudad
que me vio de purrete.
Pa’ qué negarlo, pibe,
cuando oigo un tango
de viejas cepas,
simplemente,
me pongo a ladrar
las últimas cuerdas
del Gardel que llevo dentro
que jamás morirá.
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