Rafael Gárate
Poeta recién llegado
Ella se fue de pronto,
él quedó triste y desolado
cual páramo desierto,
sentado entre hojas secas
y cadáveres de sueños
secándose al sol.
Ella se marchó sin avisar,
llevando como equipaje
las ilusiones de él;
se fue para no volver nunca
a un país lejano.
Ya no habrá más mañanas
para su ventana,
pues la luz se ha extinguido
detrás del portazo que dejó
tras de sí el adiós.
Ya no navegará feliz
en el mar de sus ojos,
donde tantas veces pescó
miradas dulces con su anzuelo.
Hoy sólo quedan recuerdos
añoranzas y anhelos,
viviendo en el bosque de la esperanza,
donde llueven lágrimas
en tormentas constantes.
Ya nada podrá hacerse,
él seguirá llorando
hasta que se haya agotado
el manantial del alma,
cuando el olvido llegue
acompañado de nuevas
sonrisas.
Ella seguirá dormida,
sin escuchar lamentos, ni quejas...
En una fría tumba,
cubierta de coronas,
de flores fúnebres.
él quedó triste y desolado
cual páramo desierto,
sentado entre hojas secas
y cadáveres de sueños
secándose al sol.
Ella se marchó sin avisar,
llevando como equipaje
las ilusiones de él;
se fue para no volver nunca
a un país lejano.
Ya no habrá más mañanas
para su ventana,
pues la luz se ha extinguido
detrás del portazo que dejó
tras de sí el adiós.
Ya no navegará feliz
en el mar de sus ojos,
donde tantas veces pescó
miradas dulces con su anzuelo.
Hoy sólo quedan recuerdos
añoranzas y anhelos,
viviendo en el bosque de la esperanza,
donde llueven lágrimas
en tormentas constantes.
Ya nada podrá hacerse,
él seguirá llorando
hasta que se haya agotado
el manantial del alma,
cuando el olvido llegue
acompañado de nuevas
sonrisas.
Ella seguirá dormida,
sin escuchar lamentos, ni quejas...
En una fría tumba,
cubierta de coronas,
de flores fúnebres.
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