kalkbadan
Poeta que considera el portal su segunda casa
UN VIERNES DE ABRIL
La tristeza, cuando aprieta,
no sabe de qué le hablas cuando nombras aquello
de sacar fuerzas de flaqueza
porque de la nada no se puede sacar absolutamente nada.
Cuando levantarse de la cama se convierte
en una puta odisea
sirve de poco obligarte a una sonrisa
para salir a la calle con la mirada puesta en el cielo
tratando de recuperar la calma en la geometría
de las aves que avanzan hacia las tierras del norte.
No, cuando uno está triste de verdad
la mirada reposa
en las losetas de la acera,
en los azulejos del cuarto de baño,
en el sumidero de la ducha
o en el techo del dormitorio cada madrugada.
No hablo de la obsesión, no hablo de la angustia,
hablo de cómo la tristeza
llora sola.
No sirve, tampoco, que te recuerden que ya es primavera.
Todos los planes quedan aplazados
porque no eres capaz de convivir
con el grave cansancio del ahora.
No sirve para nada ponerse a escribir unas líneas como estas
ni tampoco llamar a tu madre para que te diga cuánto te quiere.
Nada sirve cuando uno siente
que todo el espacio dentro de ti
está reservado (y vaciado) por y para la tristeza.
Ni siquiera ese primer puto trago de cerveza una tarde de abril
es capaz de apartar al sapo que se coló sin avisar en tu garganta.
Solo tú
y tu mirada puesta en el posavasos.
Kalkbadan
En Madrid a 6 de abril de 2018
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