AgioNIMO
NEMO
Querida:
Gustosamente cocería las heridas
de sus uñas mientras posas la mirada
en la grieta abierta de un pilar de piedra,
en tanto dejes tu codo en la mesa, que afirma perilla
junto a sutil fruncido del ceño. Estirado aquel brazo
que tengo permitido mientras sueñas y queda en olvido.
Terminas de viajar, tus ojos dictan que se ha terminado,
y en deferente silencio, consulto:
-¿Le apetecería concederme su siguiente mano?
Será cosa de suerte de como encuentre los días.
Es una labor urgente, tal cual como quien no se clava
una astilla.
Gustosamente cocería las heridas
de sus uñas mientras posas la mirada
en la grieta abierta de un pilar de piedra,
en tanto dejes tu codo en la mesa, que afirma perilla
junto a sutil fruncido del ceño. Estirado aquel brazo
que tengo permitido mientras sueñas y queda en olvido.
Terminas de viajar, tus ojos dictan que se ha terminado,
y en deferente silencio, consulto:
-¿Le apetecería concederme su siguiente mano?
Será cosa de suerte de como encuentre los días.
Es una labor urgente, tal cual como quien no se clava
una astilla.