sdontleo
Poeta fiel al portal
Hola.
Soy yo, como también lo son las extrañas
circunstancias por las que quiero oirte.
Suena extraño, talvez, que los arco iris
son los párpados coloridos de este cielo azul, pero lo son ternura;
cada palabra y cada piel mía han intentado cuidarte
aunque tú no me respondas.
Hace algunas horas desperté con las
inquietantes y degarradoras ganas de poder encontrarte,
por lo menos en este sol dormido, pero ya no estaba
en el lugar en el que un día lo dibujé para ti.
Estoy enloquecido y no lo siento, y no entiendo
las repentinas voluntades que me ha impuesto Dios.
Allá en la distancia en la que estás,
yo continuo divagando por las aceras de tus calles
con las liras y los violines de este sentimiento.
Aquí en los rincones por los que me reclino para recordarte,
sólo estas en mí y no te comparto ni con el guardián del cielo.
Y nadie sabe hacia donde se dirige el viento,
ni por que laurel es que las olas se marchitan
cuando saben que no existe arena.
A cada lugar a los que has llegado y llegarás,
cerciora cuidadosamente cada rostro,
como también el tiempo que se escurre
con la ingratitud entre los labios.
Yo soy cada rostro que te pone la mirada y el corazón
encima, o quizás entre tu aliento para que lo encuentres,
mientras el tiempo se me esconde porque sabe que soy muy peligroso.
He escogido mi camino, como también lo hize para ti.
A mí nadie me vencerá, no lo dudes. Ni las madrugadas,
ni los que te rodean en tonificadas cadenas, ni la atrocidad del destino,
ni los que dicen quererte y juran haberte querido,
y mucho menos el que se aproxima hacia tu almohada
para trovarte campanadas ya conocidas,
cuando sabe muy bien que lo estoy mirando.
¡Nadie, ni él!
Yo soy las libertades que le han sucedido al viento.
Si es que he extendido esto,
es por que quiero que sepas que desde aquella noche
de octubre mi corazón va contigo.
Y te sigue como aquel niño ilusionado
por la maestra tan divina que lo ha encandilado.
Como también te sigo, por cada pasillo y salón de tu escuela,
por cada calle, avenida, y muy dentro de tu hogar,
incluso cuando entras a tu iglesia para encontrar el bien,
ten en cuenta que aún existe mi voz,
y no se apaga, aunque haya visto titubear al mundo.
El silencio que tengo aquí,
ha podido decir mucho más que mil palabras,
incluso demostrar más de lo que te demuestran
aquellos que afirman amarte, solamente porque pueden verte y oirte.
Me levante con la locura
de un sueño que he olvidado,
con la locura de encontrarte,
...y no te he encontrado.
No me lo reclames,
es mi corazón quien te busca.
J.Q.S.
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