nelson majerczyk
Poeta adicto al portal
La empresa en la que trabajaba me había trasladado
a Viena. Ciudad bella y burguesa como pocas.
Después de tareas, en mi departamento pequeño
y confortable mataba las horas leyendo y escuchando
música. Sito en la calle Katzestrasse 9, esquina Versteckt
Katze.
La soledad la llevaba bien, sin demasiados contratiempos.
Mi alemán es correcto y interactuaba bien con mis vecinos,
(lo que se puede con un austríaco, poco en realidad).
Hasta que llego él, sin que lo invitase, una tarde de otoño
sigiloso se presentó, un gato.
Nos hicimos amigos, se acariciaba frotando mis pantalones,
con su cabezota suave. Apático y cauteloso recorría el lugar, comía lo
que le daba y de pronto, al llegar la noche se retiraba.
Le cobré cariño, lo bauticé con un nombre algo tonto: Alt.
Un día desapareció.
Lo extrañé un poco y me olvidé de él. Hasta que una tarde
unos niños que jugaban en la calle me indicaron que Alt vivía
en una casita junto a mi complejo habitacional. Yo no les había preguntado nada al respecto.
Su dueño era un viejo profesor, Herr Doktor Erwin Schrodinger.
Dudé algún tiempo pero una tarde de domingo, después de
comprar unos kuchen, en la confitería Potenze, me dirigí con cierta aprehensión a visitar al señor Erwin.
Toqué el timbre y tras la puerta, que se abrió rápidamente, me
recibió el tal Doktor.
Pequeño, hasta esmirriado, tenía una cara de sorpresa y alegría.
Como si me esperara.
Después de los saludos de rigor, le extendí la cajita con confites
que aceptó sin dudar.
Me hizo pasar a la sala.
_Café?
_Sí, claro acepté.
Me sirvió un té oscuro, con un gajo de limón junto al platillo de
los kuchen .
Todo era algo extraño. Dos inmensas fotografías firmadas, reposaban sobre la chimenea.
Einstein sacando la lengua y la otra...mmm_Niels Bohr, mi gran maestro ,espetó el dueño de
casa.
_ A claro, lo tranquilicé
Sé quién es.
Erwin me observó con intensidad pero al mismo tiempo con calma.
_Usted señor Rojo viene a interesarse por Klauss?
_Klauss?, quién es, le contesté.
Lo difícil de la situación tomaba un cariz muy bizarro,
el Doktor me hablaba en español y yo le contestaba en
alemán o me parecía.
_El gato, mi gato que lo visitaba
Las sonrisas nos acercaron mucho y la situación
devino en mutua simpatía.
_Alte , así lo bauticé.
_Klauss o Alte como quiera llamarlo, un gato es un
gato...
_Termine su café y lo vemos.
_Té, repliqué.
Con un gesto vago esperó que acabase la infusión, té, café...
y me indicó con un ademán que lo siguiera.
Entramos a una habitación vacía, o casi.
Una mesa y sobre ella reposaba la caja con tapa.
_ Dentro de ella está nuestro amigo.
_Pero tiene una tapa puedo abrirla?
_Si quiere, pero hay un problema.
La cara del Doktor tomaba una forma extraña, un rictus
de preocupación la marcaba.
_El gato puede estar vivo o muerto; o todo al mismo tiempo.
La respuesta me desconcertó comencé a perder el aire, todo giraba en el cuarto,
como si estuviera borracho.
Asustado, retrocedí y chocando con paredes, muebles y (horror, sin
saludar), gané la calle.
Nunca más los vi , ni Alte ni el Doktor se cruzaron más conmigo.
Aunque algunas noches veo en la azotea de la casita a las dos formas
recortadas en la noche.
O no ?
a Viena. Ciudad bella y burguesa como pocas.
Después de tareas, en mi departamento pequeño
y confortable mataba las horas leyendo y escuchando
música. Sito en la calle Katzestrasse 9, esquina Versteckt
Katze.
La soledad la llevaba bien, sin demasiados contratiempos.
Mi alemán es correcto y interactuaba bien con mis vecinos,
(lo que se puede con un austríaco, poco en realidad).
Hasta que llego él, sin que lo invitase, una tarde de otoño
sigiloso se presentó, un gato.
Nos hicimos amigos, se acariciaba frotando mis pantalones,
con su cabezota suave. Apático y cauteloso recorría el lugar, comía lo
que le daba y de pronto, al llegar la noche se retiraba.
Le cobré cariño, lo bauticé con un nombre algo tonto: Alt.
Un día desapareció.
Lo extrañé un poco y me olvidé de él. Hasta que una tarde
unos niños que jugaban en la calle me indicaron que Alt vivía
en una casita junto a mi complejo habitacional. Yo no les había preguntado nada al respecto.
Su dueño era un viejo profesor, Herr Doktor Erwin Schrodinger.
Dudé algún tiempo pero una tarde de domingo, después de
comprar unos kuchen, en la confitería Potenze, me dirigí con cierta aprehensión a visitar al señor Erwin.
Toqué el timbre y tras la puerta, que se abrió rápidamente, me
recibió el tal Doktor.
Pequeño, hasta esmirriado, tenía una cara de sorpresa y alegría.
Como si me esperara.
Después de los saludos de rigor, le extendí la cajita con confites
que aceptó sin dudar.
Me hizo pasar a la sala.
_Café?
_Sí, claro acepté.
Me sirvió un té oscuro, con un gajo de limón junto al platillo de
los kuchen .
Todo era algo extraño. Dos inmensas fotografías firmadas, reposaban sobre la chimenea.
Einstein sacando la lengua y la otra...mmm_Niels Bohr, mi gran maestro ,espetó el dueño de
casa.
_ A claro, lo tranquilicé
Sé quién es.
Erwin me observó con intensidad pero al mismo tiempo con calma.
_Usted señor Rojo viene a interesarse por Klauss?
_Klauss?, quién es, le contesté.
Lo difícil de la situación tomaba un cariz muy bizarro,
el Doktor me hablaba en español y yo le contestaba en
alemán o me parecía.
_El gato, mi gato que lo visitaba
Las sonrisas nos acercaron mucho y la situación
devino en mutua simpatía.
_Alte , así lo bauticé.
_Klauss o Alte como quiera llamarlo, un gato es un
gato...
_Termine su café y lo vemos.
_Té, repliqué.
Con un gesto vago esperó que acabase la infusión, té, café...
y me indicó con un ademán que lo siguiera.
Entramos a una habitación vacía, o casi.
Una mesa y sobre ella reposaba la caja con tapa.
_ Dentro de ella está nuestro amigo.
_Pero tiene una tapa puedo abrirla?
_Si quiere, pero hay un problema.
La cara del Doktor tomaba una forma extraña, un rictus
de preocupación la marcaba.
_El gato puede estar vivo o muerto; o todo al mismo tiempo.
La respuesta me desconcertó comencé a perder el aire, todo giraba en el cuarto,
como si estuviera borracho.
Asustado, retrocedí y chocando con paredes, muebles y (horror, sin
saludar), gané la calle.
Nunca más los vi , ni Alte ni el Doktor se cruzaron más conmigo.
Aunque algunas noches veo en la azotea de la casita a las dos formas
recortadas en la noche.
O no ?
Última edición: