L
Luis Miguel Rubio Domingo
Invitado
Anátidas de formas aberrantes
del castillo de Clères paradigmáticas,
la mayor colección de aves acuáticas
que albergó vuestras plumas elegantes
y algunos documentos importantes
que el fuego destruyó en el treinta y nueve.
Me piden que les cuente una de patos
y quiero presentar mis alegatos
sin tinta malgastar, de modo breve
y eludiendo el rumor, como la nieve.
Si fuera mi intención taxonimista
mergánsar, cisne y ganso distinguiera
del tarso de un ánade cualquiera
aunque lo que difiere a simple vista
no tiene relevancia darvinista.
La ausencia de plumaje diferente,
y la simplicidad de apareamiento,
de celo ,en puridad, comportamiento,
no es por casualidad, es coherente
con la nomenclatura precedente.
Tenemos dos familias, quede claro:
silbones, gansos, cisnes, a una banda
las ánades que restan , la otra tanda.
Habrá siempre algún pato un poco raro
difícil de pasar por ningún aro.
Los primeros se llaman Anserini,
los machos y las hembras son iguales,
idénticos en voz, ritos nupciales.
La tribu del silbón, Dendrocygnini
dan paso a nuestras ocas, Tadornini.
Las ocas son gamberras, muy ruidosas,
incitan a los machos a la brega
y luego, cuando acaba la refriega
eligen al más fuerte, vanidosas,
para ponerle el nido y las esposas.
Palmípedos de río hay unos cuantos,
retienen los plumajes más brillantes,
marcado dimorfismo, exuberantes
colores en las nupcias, bellos cantos
que atraen a las hembras con encantos.
El ánade azulón, mi preferido.
Su amor por la Albufera de mi patria
indica una elevada filopatria
por un lago que otrora fue apellido
de mi ciudad natal, mi primer nido.
Es pato de embrollado galanteo,
según la Wikipedia, necrofílico;
lamento no glosar en tono idílico
el ave del lugar, pero soy reo
de aquel cuento infantil: patito feo.
del castillo de Clères paradigmáticas,
la mayor colección de aves acuáticas
que albergó vuestras plumas elegantes
y algunos documentos importantes
que el fuego destruyó en el treinta y nueve.
Me piden que les cuente una de patos
y quiero presentar mis alegatos
sin tinta malgastar, de modo breve
y eludiendo el rumor, como la nieve.
Si fuera mi intención taxonimista
mergánsar, cisne y ganso distinguiera
del tarso de un ánade cualquiera
aunque lo que difiere a simple vista
no tiene relevancia darvinista.
La ausencia de plumaje diferente,
y la simplicidad de apareamiento,
de celo ,en puridad, comportamiento,
no es por casualidad, es coherente
con la nomenclatura precedente.
Tenemos dos familias, quede claro:
silbones, gansos, cisnes, a una banda
las ánades que restan , la otra tanda.
Habrá siempre algún pato un poco raro
difícil de pasar por ningún aro.
Los primeros se llaman Anserini,
los machos y las hembras son iguales,
idénticos en voz, ritos nupciales.
La tribu del silbón, Dendrocygnini
dan paso a nuestras ocas, Tadornini.
Las ocas son gamberras, muy ruidosas,
incitan a los machos a la brega
y luego, cuando acaba la refriega
eligen al más fuerte, vanidosas,
para ponerle el nido y las esposas.
Palmípedos de río hay unos cuantos,
retienen los plumajes más brillantes,
marcado dimorfismo, exuberantes
colores en las nupcias, bellos cantos
que atraen a las hembras con encantos.
El ánade azulón, mi preferido.
Su amor por la Albufera de mi patria
indica una elevada filopatria
por un lago que otrora fue apellido
de mi ciudad natal, mi primer nido.
Es pato de embrollado galanteo,
según la Wikipedia, necrofílico;
lamento no glosar en tono idílico
el ave del lugar, pero soy reo
de aquel cuento infantil: patito feo.
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