María la Ausente
Poeta recién llegado
Lo sueño a él como nuevo refugio de mis demonios. Y sueño que tú eres el demonio.
Mi vestido de jade ya no puedo usarlo, porque comparar quien está más jodido es tan fácil como re-leer y re-leer mis desvaríos alcoholizados.
Así lo conquisté, desnuda, sin ropajes. Su alma no me es tan apetecible aún, por que me pasó de largo cuando en sus cabellos desaliñados encontré caoba. En su pecho un lienzo en blanco y en sus manos cierto erotismo escalofriantemente húmedo.
Ya me había tardado.
¿Habitar una alcoba distinta? Me cuestan aún los hábitos. Y es que, soy como una promesa al aire libre. Arriésgate, o a-prén-de-te-lo.
Ya no hay ingenuidad, ni luz. Debo decirte, que se las han llevado al sur, donde ni por equivocación pondré un pie. -No me despido dos veces-. Lo haría, pero mi año ya no tiene 12 octubres ni poemas dedicados.
Si tu quieres, te regalo mi nombre, pero te llevas los huecos, el deseo frustrado de mis idilios que como por común acuerdo, se han condenado ha regresar a esta mujer de apariencia caprichosa. Imbéciles. Así, que fácil.
En fin, hombres comunes.
Los hombres inteligentes, esos, no tienen nada en común. Y no los veo, no los veo.
Veo, muchos hombres conflictuados, con mujeres cuya cara se repite en cada esquina. Si, esos, los de deshecho.
A ti te veo con cierta aura musical, y podríamos estar tan cerquita de la perfección pero mis hábitos- dejarán una nota de regreso la próxima Luna. Y aún así, el verano seguirá siendo nuestro.
Mi vestido de jade ya no puedo usarlo, porque comparar quien está más jodido es tan fácil como re-leer y re-leer mis desvaríos alcoholizados.
Así lo conquisté, desnuda, sin ropajes. Su alma no me es tan apetecible aún, por que me pasó de largo cuando en sus cabellos desaliñados encontré caoba. En su pecho un lienzo en blanco y en sus manos cierto erotismo escalofriantemente húmedo.
Ya me había tardado.
¿Habitar una alcoba distinta? Me cuestan aún los hábitos. Y es que, soy como una promesa al aire libre. Arriésgate, o a-prén-de-te-lo.
Ya no hay ingenuidad, ni luz. Debo decirte, que se las han llevado al sur, donde ni por equivocación pondré un pie. -No me despido dos veces-. Lo haría, pero mi año ya no tiene 12 octubres ni poemas dedicados.
Si tu quieres, te regalo mi nombre, pero te llevas los huecos, el deseo frustrado de mis idilios que como por común acuerdo, se han condenado ha regresar a esta mujer de apariencia caprichosa. Imbéciles. Así, que fácil.
En fin, hombres comunes.
Los hombres inteligentes, esos, no tienen nada en común. Y no los veo, no los veo.
Veo, muchos hombres conflictuados, con mujeres cuya cara se repite en cada esquina. Si, esos, los de deshecho.
A ti te veo con cierta aura musical, y podríamos estar tan cerquita de la perfección pero mis hábitos- dejarán una nota de regreso la próxima Luna. Y aún así, el verano seguirá siendo nuestro.