Isidoro
Poeta que considera el portal su segunda casa
Habitaba la monja,
en una Europa utópica
de humanismo pisoteado,
pateado moralmente, vil escoria,
sin compostura alguna, y fariseos;
hartos de golpes de pecho y rezos
San dinero, en altar erguido,
ella dispuso "mudar" la piel,
atravesando la mar, a la sombra de África,
con un equipaje cargado de ternura,
que vertió nada mas pisar le febril tierra
un "detalle" a "las brasas negras" la esperaban,
olvidados de la tierra, cobayas, "escoria"...
Para infectos adinerados;
en cuerpos obesos, hartos de manjares,
la recriminan, "no merecen nada, tiempo perdido"
egoístas, albergando un corazón pétreo,
ella a sus adentros...
¡Oídos sordos hermana, oídos sordos!
una nube de querubines,
negros de ébano, desprenden sonrisas
de oreja a oreja, agradecidos por una golosina,
los entrados en invierno...
un abrazo...¡De suave gloria!
¡Gracias por no olvidarnos! (Pronuncian)
mientras me lo cuenta...
¡La sangre ebulle por estas venas!
Va a regalar la vida, al mas pobre entre los pobres,
mientras, por televisión...
Las mismas falsas esperanzas;
¡Los mismos hijos de perra!
rompo el monitor ¡Canallas!
podridos de plata, desde la cuna,
ciegos a los pobres, ni una migaja,
¡Que Dios os juzgue!
Yo no soy quien,
pero os denuncio...¡Perros sin alma!
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