Nýcolas
Poeta asiduo al portal
Dejadme en paz con mi sacrificio.
Todos tenemos derecho a una cruz.
Réplicas en eco estelar oigo el sonido de la luz.
Cuán ornamentado está el cielo de sueños.
No veo el sol y mi corazón arde, en la frescura de la noche,
frías entrañas que algún día han soñado un deseo.
Tinieblas, el espeso nubarrón ha sido desterrado
de las celestes tierras en donde todo serafín ha amado.
Sin embargo yo con un cometa en la mejilla, llorando,
beso los clavos que me crucifican, y quizás una esperanza.
Le he jurado mi fidelidad a una Magnolia
en el secreto jardín del firmamento.
Yo tocaba el piano mientras ella me iluminaba,
si es que todo era real; dicen allí no existe la ilusión.
Sólo basta un divino instante para reencontrarte
con el recuerdo constante de un amor eterno
conjunción absoluta de todas las vidas con tu amante.
Jamás falla el perfume a los olfatos del alma.
Tengo un horizonte tatuado en las esferas de mi vista,
y no es el universo, sagrado poema de un sólo verso.
Hay una lágrima prendida en una vela; siempre, siempre,
tal la caricia de la cera en los senos de pálida doncella
que galaxia de sangre resguarda por siempre bella.
Alguna vez fui príncipe, bajo los privilegios de Elohim,
hoy soy esclavo, dueño favorito de la tierra.
Mas he escalado, empeño y rito sacro,
las altas montañas del fuego, cual en su cúspide
de intelecto y de equilibrio emergían sin cesar.
Labial promesa del espíritu, nobleza inmortal:
mi palabra a los arcángeles, «jamás volveré a amar».
Una vez es siempre, una vez es todo.
Una vez es siempre suficiente porque dura para siempre.
Y si muero mañana, viviré ayer;
y si muero ayer, viviré mañana;
y si muero hoy, viviré por siempre.
Que los ángeles del cielo le perdonen
a mi corazón su memoria.
A veces, una mirada es suficiente
para ahondar los misterios de la Eternidad.
Todos tenemos derecho a una cruz.
Réplicas en eco estelar oigo el sonido de la luz.
Cuán ornamentado está el cielo de sueños.
No veo el sol y mi corazón arde, en la frescura de la noche,
frías entrañas que algún día han soñado un deseo.
Tinieblas, el espeso nubarrón ha sido desterrado
de las celestes tierras en donde todo serafín ha amado.
Sin embargo yo con un cometa en la mejilla, llorando,
beso los clavos que me crucifican, y quizás una esperanza.
Le he jurado mi fidelidad a una Magnolia
en el secreto jardín del firmamento.
Yo tocaba el piano mientras ella me iluminaba,
si es que todo era real; dicen allí no existe la ilusión.
Sólo basta un divino instante para reencontrarte
con el recuerdo constante de un amor eterno
conjunción absoluta de todas las vidas con tu amante.
Jamás falla el perfume a los olfatos del alma.
Tengo un horizonte tatuado en las esferas de mi vista,
y no es el universo, sagrado poema de un sólo verso.
Hay una lágrima prendida en una vela; siempre, siempre,
tal la caricia de la cera en los senos de pálida doncella
que galaxia de sangre resguarda por siempre bella.
Alguna vez fui príncipe, bajo los privilegios de Elohim,
hoy soy esclavo, dueño favorito de la tierra.
Mas he escalado, empeño y rito sacro,
las altas montañas del fuego, cual en su cúspide
de intelecto y de equilibrio emergían sin cesar.
Labial promesa del espíritu, nobleza inmortal:
mi palabra a los arcángeles, «jamás volveré a amar».
Una vez es siempre, una vez es todo.
Una vez es siempre suficiente porque dura para siempre.
Y si muero mañana, viviré ayer;
y si muero ayer, viviré mañana;
y si muero hoy, viviré por siempre.
Que los ángeles del cielo le perdonen
a mi corazón su memoria.
A veces, una mirada es suficiente
para ahondar los misterios de la Eternidad.