reya
Poeta asiduo al portal
Grita en el cielo una estrella,
deshojando lágrimas de una noche negra,
son diminutos los astros
comparados con su pena.
Grita llorando sus males
ahogada entre sal y arena,
ya no son noches serenas;
son lánguidas e infernales.
Y entre el oscuro y nefasto
pensamiento que la invade
transcitan rios y mares,
que arrastran tras si la niebla
de una maligna condena
de sentimientos fatales.
De que le sirve ser bella
ostentosamente eterna,
ser admirada en la tierra
e inspirar a los poetas.
Si amar no es posible en ella
pues la soledad destierra
todo el amor y le deja
un sabor amargo a llanto.
Y como anónimo retrato
de pared inanimado,
colgada de un simple cuadro
así pena en su quebranto.
Odia todos sus encantos
su eterno fulgor de estrella
brilla mustia en su belleza
resplandece en su agonía.
Y en su letal lejania
solitaria se engrandece
pero pagando con creces
no alcansa la luz del día.
deshojando lágrimas de una noche negra,
son diminutos los astros
comparados con su pena.
Grita llorando sus males
ahogada entre sal y arena,
ya no son noches serenas;
son lánguidas e infernales.
Y entre el oscuro y nefasto
pensamiento que la invade
transcitan rios y mares,
que arrastran tras si la niebla
de una maligna condena
de sentimientos fatales.
De que le sirve ser bella
ostentosamente eterna,
ser admirada en la tierra
e inspirar a los poetas.
Si amar no es posible en ella
pues la soledad destierra
todo el amor y le deja
un sabor amargo a llanto.
Y como anónimo retrato
de pared inanimado,
colgada de un simple cuadro
así pena en su quebranto.
Odia todos sus encantos
su eterno fulgor de estrella
brilla mustia en su belleza
resplandece en su agonía.
Y en su letal lejania
solitaria se engrandece
pero pagando con creces
no alcansa la luz del día.
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