Una gota de sangre, una lágrima perdida y yo ni lo siento

Jose Anibal Ortiz Lozada

Poeta adicto al portal
La gota se desliza, tibia y densa, enredándose en la piel como un insecto moribundo que aún cree en el vuelo. Es un hilo escarlata que desciende con el ritmo perezoso de las cosas inevitables, de lo que ya no tiene retorno. La miro sin verla, la dejo caer, y es como si el suelo la devorara sin rastro, sin eco.

Al otro lado del espejo, en ese rincón donde las sombras no tienen dueño, una lágrima perdida se ha quedado atrapada en el borde de una mejilla que ya no recuerda qué la trajo hasta allí. Quizás fue el peso de una ausencia o el filo de una palabra no dicha. Pero nadie la recoge, nadie la besa, nadie la reclama. Es solo agua, solo sal, solo una cicatriz que nunca llegó a abrirse del todo.

Y yo… yo ni lo siento.

Quizás sea porque el dolor ha aprendido a dormirse entre mis costillas, porque la costumbre de sangrar ya no me conmueve. O tal vez porque en este exilio de piel y recuerdos, ya no soy más que un eco, un temblor sin cuerpo, un nombre que se deshace entre los dientes.

La sangre y la lágrima, hermanas de la misma ruina, van marcando el mapa invisible de lo que alguna vez dolió, de lo que alguna vez importó. Pero el tiempo es un carnicero paciente, un artesano cruel que lima los bordes hasta que todo se vuelve neutro, inofensivo, trivial.

Así, mientras el mundo gira en su absurdo carrusel de olvidos, una gota de sangre y una lágrima perdida se cruzan en algún lugar del aire… pero yo, que fui su dueño, ya no las siento.
 

MundoPoesía se mantiene gracias a la publicidad y al apoyo (opcional) de nuestra comunidad.

♥ Hacer una donación
Atrás
Arriba