Jonathan Jesus
Exp..
Es una historia de nunca acabar. Recuerdo esa primera vez que la vi, llevaba un uniforme de cuadros rosados con gris, su mirada parecía una estrella y en sus ojos se reflejaba el mundo visto desde la gravedad cero.
No dude un segundo en utilizar mi uniforme de astronauta para poder respirar fuera de la atmósfera. Las estrellas en el firmamento eran realmente hermosas, parecían miles de canicas con luz propia titiritando con voz trémula; también había estelas, muchas estelas que se arqueaban como sus labios cuando sonreía.
-Michael, en qué piensas-Nada, solo estoy un poco pensativo por el examen de mañana.
- Jaaa, sí, como no, hace unos días que te noto distraído. Cuéntame amigo que te sucede.
-Nada Henry, bueno en verdad, sí, hay una chica que me tiene navegando en el espacio estelar…
-Y quién es, cuál es su nombre, dime, no te lo guardes…
-No puedo decirte su nombre, es un secreto encriptado que pronto podrás descubrir, pero si te diré algo , está aquí, en este momento.
-Dónde Michael, dime, dónde. -¡Henry cálmate!, ella está aquí… en mi corazón…
Henry repetía en un canto infantil: -Michael está enamorado, Michael está enamorado.
-¡Basta, Henry! , realmente necesito de tu apoyo, no te burles de mí. Vez esa estrella en Pólux ¡La vez!, esa estrella que sobresale; esa es ella, mírala -Wow amigo, es realmente hermosa, ¿Cómo harás para que se fije en ti?-No lo sé, déjame pensar, alguna solución tendré que encontrar…¡Ya lo sé! ¡Lo tengo!…Le escribiré poemas, muchos poemas y tu le entregaras mis cartas, ella no podrá saber quién soy, hasta que así lo decida.
Eran poemas demasiado cursis y aun recuerdo algunas de esas líneas y nunca podre olvidar el cierre de uno de esos poemas, decía algo así: -Por amarte mujer, hubiera sido tu hijo el viento o algo más, por beber del néctar de tus pechos y dormir en tu regazo. Era un poema fantástico que tiempo después desapareció con el paso audaz del tiempo.
Recuerdo que era algo tímido en ese entonces y me desanimaba fácilmente…Pero aun así después de haber escrito alrededor de cien poemas, me levante de mi silla, y le dije a Henry: -Hoy es el día amigo, hoy es el día. Él con una sonrisa y con un golpe en la espalda me dijo: -¡Suerte!, Te estaré esperando para ayudarte a enjugar esas lágrimas.
El trataba de predecir el desenlace con esa frase, pero esa, esa es otra historia… La continuación de esta historia de no acabar.
No dude un segundo en utilizar mi uniforme de astronauta para poder respirar fuera de la atmósfera. Las estrellas en el firmamento eran realmente hermosas, parecían miles de canicas con luz propia titiritando con voz trémula; también había estelas, muchas estelas que se arqueaban como sus labios cuando sonreía.
-Michael, en qué piensas-Nada, solo estoy un poco pensativo por el examen de mañana.
- Jaaa, sí, como no, hace unos días que te noto distraído. Cuéntame amigo que te sucede.
-Nada Henry, bueno en verdad, sí, hay una chica que me tiene navegando en el espacio estelar…
-Y quién es, cuál es su nombre, dime, no te lo guardes…
-No puedo decirte su nombre, es un secreto encriptado que pronto podrás descubrir, pero si te diré algo , está aquí, en este momento.
-Dónde Michael, dime, dónde. -¡Henry cálmate!, ella está aquí… en mi corazón…
Henry repetía en un canto infantil: -Michael está enamorado, Michael está enamorado.
-¡Basta, Henry! , realmente necesito de tu apoyo, no te burles de mí. Vez esa estrella en Pólux ¡La vez!, esa estrella que sobresale; esa es ella, mírala -Wow amigo, es realmente hermosa, ¿Cómo harás para que se fije en ti?-No lo sé, déjame pensar, alguna solución tendré que encontrar…¡Ya lo sé! ¡Lo tengo!…Le escribiré poemas, muchos poemas y tu le entregaras mis cartas, ella no podrá saber quién soy, hasta que así lo decida.
Eran poemas demasiado cursis y aun recuerdo algunas de esas líneas y nunca podre olvidar el cierre de uno de esos poemas, decía algo así: -Por amarte mujer, hubiera sido tu hijo el viento o algo más, por beber del néctar de tus pechos y dormir en tu regazo. Era un poema fantástico que tiempo después desapareció con el paso audaz del tiempo.
Recuerdo que era algo tímido en ese entonces y me desanimaba fácilmente…Pero aun así después de haber escrito alrededor de cien poemas, me levante de mi silla, y le dije a Henry: -Hoy es el día amigo, hoy es el día. Él con una sonrisa y con un golpe en la espalda me dijo: -¡Suerte!, Te estaré esperando para ayudarte a enjugar esas lágrimas.
El trataba de predecir el desenlace con esa frase, pero esa, esa es otra historia… La continuación de esta historia de no acabar.
Última edición: