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Una madre cálida

María Baena

Miembro del Jurado
Miembro del equipo
Miembro del JURADO DE LA MUSA
La casa espera

dormida y cálida

con sus entrañas de fuego

pequeñas y rojas,

con olor a alhucema

entre sus piernas.



Me cuelo en su boca

y bosteza perezosa,

siento su aliento rodeándome.



Su corazón late

al mismo ritmo que mi sangre corre.



Me siento tranquila

y en sus brazos serenos

que tanto recordaba,

me dejo caer

para que me abrazara.



Como una madre inerte

que ahorra palabras

que te acoge siempre

es mi casa.



En su cuerpo descansa mi vida,

los sueños bailan la danza de la realidad,

mis suspiros atrapan su alma.



Mis manos cerraron la puerta

atrapando las ascuas de mi corazón

en la casa aun despierta.
 
La casa espera

dormida y cálida

con sus entrañas de fuego

pequeñas y rojas,

con olor a alhucema

entre sus piernas.



Me cuelo en su boca

y bosteza perezosa,

siento su aliento rodeándome.



Su corazón late

al mismo ritmo que mi sangre corre.



Me siento tranquila

y en sus brazos serenos

que tanto recordaba,

me dejo caer

para que me abrazara.



Como una madre inerte

que ahorra palabras

que te acoge siempre

es mi casa.



En su cuerpo descansa mi vida,

los sueños bailan la danza de la realidad,

mis suspiros atrapan su alma.



Mis manos cerraron la puerta

atrapando las ascuas de mi corazón

en la casa aun despierta.
A veces hay que dejar una puerta abierta.
La puerta de la felicidad se abre hacia dentro, hay que retirarse un poco para abrirla: si uno la empuja, la cierra cada vez más.

Saludos
 
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