Antonio M.
Poeta recién llegado
Caminando por el centro de la ciudad de Mérida, Yucatán (México) observe un ojo que me miraba, al verlo fijamente, mi reflejo en el ojo se fue distorsionando hasta convertirse en un niño, un niño que jugaba solo en su casa, que se reía con el juguete roto y sucio que juntó la comunidad para regalarle a los niños de escasos recursos en la navidad del año pasado. Ahí lo vi, sentado en el piso de la casa de dos piezas (una era el baño) con una mirada inocente y con unos ojos brillosos que reflejaban una meza. Al acercarme, pude observar dos botellas sobre la meza y dos personas platicando. En una de las botellas, la que estaba vacía, resaltaba la leyenda: contiene 45% de alcohol, consumase con moderación; en la otra, apenas abierta, se reflejaban los rostros de las personas con una sonrisa enferma, de locura. Una de las personas decía: ¡yo no estoy borracho! ¡Sírveme otro vaso! Y el movimiento de hacia adelante y atrás incontrolable; la otra se reía y tomaba un trago de la botella. Hasta que de repente como si en un sueño me encontraba, escuche una voz que me despertó diciendo: tendría una moneda que me regale.