Aquel beso de idilio amoroso hizo palpitar de júbilo mis marchitas sienes. Mas tú me observabas con crueldad. No sentías la fragancia campestre de dos almas unidas en eternal comunión religiosa. Entonces me puse a llorar. Mas tú te burlabas de mi humana debilidad. Y eso no te lo perdoné cuando ya exhalabas el vaho gratificante de la vida inmaculada pero para ti perniciosa. Decidí cerrar los ojos para hundirme en un lacrimal vacío de infinita melancolía, mientras esos señores severos de luto negro portaban el catafalco donde tu bella imagen sepulcral yacía misericordiosa a los ojos benévolos del poderoso creador. Entré en la capilla ardiente donde habían depositado tus restos de redentora reina de los condenados; y para mi sopor y sorpresa nadie había allí para dar la sagrada y póstuma extremaunción de tu espíritu rebelde. Me puse un cilicio colgado en la sacristía y con un puñal desgarré mi profundo corazón enamorado, para suspirar en la conflagración de una futura vida eterna en compañía contigo,¡oh!mi amada soledad.
Última edición por un moderador: