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Poeta recién llegado
Por la bóveda oscura
del jacal en la sierra
camino con premura
hasta el patio de tierra,
ahí, la luna cura
la oscuridad que aterra
asentando su plata
que al mismo sol empata.
Está fresca La noche
olorosa a romero
y luce su trasmoche
un árbol cabecero,
una brisa en derroche
me arrebata el sombrero,
que levanto del suelo
para apresar mi pelo.
Yo complacido enjarro
mis brazos, y a lo lejos
la luna, a bocajarro
dispara sus reflejos
al monte, que cual carro
atestado de espejos
a sus cañadas bellas
las convierte en estrellas.
En la ladera asienta
su espacio una alcaparra
y una ave alharaquienta
de entonación bizarra
osada experimenta
saltar la espino-barra
que la planta se guarda
confiando en esa barda.
Y un camino desciende
hasta meterse al valle,
a lo lejos trasciende
de un ladrido el detalle,
un mugido que enciende
el silbar sin desmaye
del arriero y hoy... siento
respetar el momento.
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