José Ignacio Ayuso Diez
Epicuro y la ataraxia, sin miedos ...
“UNA NOCHE LA TRISTEZA...”
…Una noche la tristeza volará y se alejará de ti
y volverás a sentir lo bello que es amar…
Un día cualquiera, a no tardar,
despertarás como todas las mañanas
sobre el lienzo liso de tu cama,
de esa cama... a la que muchas noches
llegaste a odiar.
Aquellas noches de perra guerra,
de lloreras sin consuelo,
en escenarios de camastro
sin corazón y resuello,
donde te asaltaban
recuerdos de lienzos arrugados,
con aroma de libido y pasión.
Reposando con tiempo el amor desnudo
y asentando unos cimientos,
que a la postre…
el destino no consolidó.
¡Cuánto dolor se alojó en tus entrañas!
Rompiéndose palmo a palmo, la estructura de tu alma.
¡Cuánto dolor arrastrabas cada noche!
Contando una a una tus noches fantasmas.
Pero... ya verás,
cuando llegue esa mañana que no te esperas.
Te levantarás descansada
con sensaciones de hace tiempo,
ya olvidadas,
te calzarás las zapatillas amarillas de Piolín
y te enfundarás esa bata de seda a juego
de la que huía tu sensible piel
y te acercarás a esa ventana de tu alcoba
cerrada a cal y canto;
levantarás la persiana,
descorrerás el pestillo
y darás permiso al sol
para que ilumine y …
caliente tu marchito corazón.
Luminosidad del nuevo día
que hasta ayer se escondía.
Y sin darte cuenta la suave brisa de la mañana
deseosa de abrazarte,
te envolverá entre sus brazos
y le susurrará tierna y amorosamente
a tu maltrecho corazón
que no se deje morir,
que el amor, el sublime y más potente amor,
siempre estuvo…
ha estado…
y estará en ti.
Y nunca, nunca lo has de entregar...
ni donar,
tú solo... lo has de prestar.
Prestar a la persona que te merezca,
que el desconsiderado destino
pondrá en tú camino,
a esa persona, que sabrá mimarlo y cuidarlo.
Y entonces te sentirás volar
y recordarás que hubo un día...
no muy lejano... que vivías en un mundo
en el que fuiste feliz,
que el amor no lo perdiste,
que el amor...
sigue irradiando…
y anidando en ti.
En ti querida amiga.
…Una noche la tristeza volará y se alejará de ti
y volverás a sentir lo bello que es amar…
Un día cualquiera, a no tardar,
despertarás como todas las mañanas
sobre el lienzo liso de tu cama,
de esa cama... a la que muchas noches
llegaste a odiar.
Aquellas noches de perra guerra,
de lloreras sin consuelo,
en escenarios de camastro
sin corazón y resuello,
donde te asaltaban
recuerdos de lienzos arrugados,
con aroma de libido y pasión.
Reposando con tiempo el amor desnudo
y asentando unos cimientos,
que a la postre…
el destino no consolidó.
¡Cuánto dolor se alojó en tus entrañas!
Rompiéndose palmo a palmo, la estructura de tu alma.
¡Cuánto dolor arrastrabas cada noche!
Contando una a una tus noches fantasmas.
Pero... ya verás,
cuando llegue esa mañana que no te esperas.
Te levantarás descansada
con sensaciones de hace tiempo,
ya olvidadas,
te calzarás las zapatillas amarillas de Piolín
y te enfundarás esa bata de seda a juego
de la que huía tu sensible piel
y te acercarás a esa ventana de tu alcoba
cerrada a cal y canto;
levantarás la persiana,
descorrerás el pestillo
y darás permiso al sol
para que ilumine y …
caliente tu marchito corazón.
Luminosidad del nuevo día
que hasta ayer se escondía.
Y sin darte cuenta la suave brisa de la mañana
deseosa de abrazarte,
te envolverá entre sus brazos
y le susurrará tierna y amorosamente
a tu maltrecho corazón
que no se deje morir,
que el amor, el sublime y más potente amor,
siempre estuvo…
ha estado…
y estará en ti.
Y nunca, nunca lo has de entregar...
ni donar,
tú solo... lo has de prestar.
Prestar a la persona que te merezca,
que el desconsiderado destino
pondrá en tú camino,
a esa persona, que sabrá mimarlo y cuidarlo.
Y entonces te sentirás volar
y recordarás que hubo un día...
no muy lejano... que vivías en un mundo
en el que fuiste feliz,
que el amor no lo perdiste,
que el amor...
sigue irradiando…
y anidando en ti.
En ti querida amiga.
José Ignacio Ayuso Díez