Sebastian Dusalgi
Poeta que considera el portal su segunda casa
Una pálida sombra
se mece entre el jardín,
su siniestro reflejo
en mis pupilas cansadas,
hacer resonar las campanas
en la partituras centauras.
Se ciega cualquier imágen
y ninguna mano escribe.
El viento se detiene
y la luz de la vela
confunde la sombra con el alma.
Se balancea el péndulo
temeroso de una locura,
el lecho se torna un desierto
con esqueletos que se arcillan,
sus ojos son eterno misterio
donde comulga la soledad
y el silencio.
Cuando se mira al espejo,
la pálida sombra me observa
y me grita : ambos moriremos
entonces se sumerge
en un abismo de opacas imágenes
que se enredan en mi mente
y grito a que llegue el alba,
pero aquella pálida figura me silencia
me abraza y entonces tiemblo,
pero cuanto mas ando entre sus sombras
mas se une a mi, a mi piel roída
y es como estar en un remanso
Donde contemplo el horizonte transmutado
y la existencia cobra vida,
y la vida se embellece.
Me toma de la mano y volvemos al espejo
y le grito pálida sombra
quedémonos en este campo
me ve y sonríe y dice:
desde hace mucho que aquí estamos
entre los placeres de la locura
y contemplando
nuestra imagen en el espejo.
reímos sentados en el jardín de la muerte
.
Sebastian Dusalgi
se mece entre el jardín,
su siniestro reflejo
en mis pupilas cansadas,
hacer resonar las campanas
en la partituras centauras.
Se ciega cualquier imágen
y ninguna mano escribe.
El viento se detiene
y la luz de la vela
confunde la sombra con el alma.
Se balancea el péndulo
temeroso de una locura,
el lecho se torna un desierto
con esqueletos que se arcillan,
sus ojos son eterno misterio
donde comulga la soledad
y el silencio.
Cuando se mira al espejo,
la pálida sombra me observa
y me grita : ambos moriremos
entonces se sumerge
en un abismo de opacas imágenes
que se enredan en mi mente
y grito a que llegue el alba,
pero aquella pálida figura me silencia
me abraza y entonces tiemblo,
pero cuanto mas ando entre sus sombras
mas se une a mi, a mi piel roída
y es como estar en un remanso
Donde contemplo el horizonte transmutado
y la existencia cobra vida,
y la vida se embellece.
Me toma de la mano y volvemos al espejo
y le grito pálida sombra
quedémonos en este campo
me ve y sonríe y dice:
desde hace mucho que aquí estamos
entre los placeres de la locura
y contemplando
nuestra imagen en el espejo.
reímos sentados en el jardín de la muerte
.
Sebastian Dusalgi