¡Míralos que bien están!
Aún conservan su amor añejo.
Aún se miman y se besan
de la manera más sincera y natural
a la sombra de ese árbol viejo,
sentaditos en su banco habitual.
A veces se hablan,
otras no dicen nada,
pero siempre mutuamente se alaban,
se respetan y se quieren,
diciéndoselo con sus dulces miradas
o con sus manos que tiernamente,
a veces, el recorrido descendente
de sus lágrimas retienen.
Como un par de adolescentes
él brinda su hombro a la que plácidamente
apoya su menuda cabeza de pelo cano,
como si aún se hallasen en la "edad del pavo"
aunque entre los dos sumen 163 años.
Aún conservan su amor añejo.
Aún se miman y se besan
de la manera más sincera y natural
a la sombra de ese árbol viejo,
sentaditos en su banco habitual.
A veces se hablan,
otras no dicen nada,
pero siempre mutuamente se alaban,
se respetan y se quieren,
diciéndoselo con sus dulces miradas
o con sus manos que tiernamente,
a veces, el recorrido descendente
de sus lágrimas retienen.
Como un par de adolescentes
él brinda su hombro a la que plácidamente
apoya su menuda cabeza de pelo cano,
como si aún se hallasen en la "edad del pavo"
aunque entre los dos sumen 163 años.