horizontes
Poeta recién llegado
UNA PILA DE CARTAS (1ra. Parte)
En un sótano hediondo de una casa abandonada
se encontró el esqueleto de la antigua residente
ella llevaba puesto un vestido raído y maloliente
entre sus brazos tenia una pila de cartas aprisionada
Como la curiosidad puede más que la prudencia
retiré del cadáver aquellos enigmáticos sobres
mi piel se erizo al tomarlos con mis manos
estremecí de inmediato al sentir su presencia
Presurosa subí uno a uno los escalones crujientes
estaba sudorosa con mucha dificultad para respirar
añadiéndose a ello el rechinar de mis dientes
corrí como loca sin parar hasta la sala de estar
Por tanta ansiedad en el suelo caí
con mi botín apoyado en mi regazo
uno, dos, tres, cuatro, cinco y seis
conté sin parar las cartas que traía
Quiso el destino que hasta aquí llegara
y lo que debía ser mío por fin lo tomara
siguiendo las señas que la bruja me diera
llegué a la casa de quien se llamaba Margara
Horizontes
Lima, 19 de mayo del 2006
En un sótano hediondo de una casa abandonada
se encontró el esqueleto de la antigua residente
ella llevaba puesto un vestido raído y maloliente
entre sus brazos tenia una pila de cartas aprisionada
Como la curiosidad puede más que la prudencia
retiré del cadáver aquellos enigmáticos sobres
mi piel se erizo al tomarlos con mis manos
estremecí de inmediato al sentir su presencia
Presurosa subí uno a uno los escalones crujientes
estaba sudorosa con mucha dificultad para respirar
añadiéndose a ello el rechinar de mis dientes
corrí como loca sin parar hasta la sala de estar
Por tanta ansiedad en el suelo caí
con mi botín apoyado en mi regazo
uno, dos, tres, cuatro, cinco y seis
conté sin parar las cartas que traía
Quiso el destino que hasta aquí llegara
y lo que debía ser mío por fin lo tomara
siguiendo las señas que la bruja me diera
llegué a la casa de quien se llamaba Margara
Horizontes
Lima, 19 de mayo del 2006